La Voz de Almeria

Provincia

El relato del homenajeado que se convirtió en homenajeador

Un turrero, que ya es Cronista Oficial de su pueblo, dedicó su discurso a nombrar a casi todos los vecinos de la villa

El historiador Juan Grima Cervantes recibiendo el título de Cronista Oficial de Turre.

El historiador Juan Grima Cervantes recibiendo el título de Cronista Oficial de Turre.

Manuel León
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Llenó, como un torero de postín, la plaza de Turre. Y allí estaba Turre, los turrreros, y muchos comarcanos, junto al bar del Jarras, dispuestos a asistir al doctorado de un torero de la historia cercana, de la historia nuestra; allí estaba su familia y sus amigos para ver en directo cómo Juan Grima -Juan Libro- triunfaba de luces en su pueblo, ese pueblo que él ha rastreado como un comanche, buscando arcanos, aspecto cruciales de su pretérito, dejándose la piel y los ojos en archivos, investigando Teresa, Cabrera, las andanzas de los moriscos y los repobladores. Juan es el ejemplo pluscuamperfecto de alguien que no tiene dudas en consagrar su vida a algo. Nunca la tuvo. Al menos yo nunca se las vi, desde que lo conocí hace más de 40 años en una feria de Vera, cuando era menos miope y más caballero andante. Ahora, Juan es más experimentado, acumula siglos en su cabeza, conocimientos enciclopédicos, un caudal de saberes y sabores cotidianos de la comarca del Levante almeriense y de su Turre. Ya es cronista oficial de su pueblo, el pueblo de la sierra, el pueblo del patrón San Francisco y de la Virgen de los Dolores, el pueblo de los cantaores gitanos del Barrio, del cine Avenida, de la feria de octubre y de sus caracoles y de la jibia del bar de Antonio y de su boliche y del Jura Jura. En realidad ya lo era, lo ha sido siempre y todos los sabíamos. Desde que ayudaba a su padre Martín a limpiar platos en el restaurante Grice, mientras su madre hacía gurullos con las manos y un delantal; desde que se empeñó en salvar la fuente morisca, desde que recuperó fiestas populares en La Carrasca o en Los Moralicos. Juan es Juan, hay que aceptarlo así: con todo su barroquismo, con su generosidad y torrentera de pasiones. Pasión por los libros que amontona en esa biblioteca de Alejandría que ha construido en Las Alparatas. Juan es Juan, un paladín, un ariete cultural, laureado el pasado sábado en su pueblo, ante el cual, en vez de largarles un discurso académico, sorprendió nombrándolos a todos, a los vecinos y amigos llegados de otros lares. Es decir, no se puso a envidar con frases altisonantes y palabras de terciopelo. No. Se puso a nombrar a sus vecinos más queridos, a los maestros, a sus compañeros de juegos infantiles y del Instituto. Así es Juan, va todo en el pack: se le quiere o no se le quiere. Yo soy de los primeros. 

tracking