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Muere Sebastián el Lanero, panadero de Los Gallardos

Conocido en toda la provincia, ha defendido la esencia de su oficio hasta sus últimos días

Sebastián González, sentado, arropado por Ángel Roldán Roldán de Canal Sur y Antonio Torres en la Feria del Libro de 2024.

Sebastián González, sentado, arropado por Ángel Roldán Roldán de Canal Sur y Antonio Torres en la Feria del Libro de 2024.Dora Cazorla

Antonio Torres
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Sebastián González Mañas, conocido popularmente por Lanero, nacido en septiembre de 1953 en Los Gallardos, tendrá este miércoles una despedida entrañable y diferente porque ha sido una persona poliédrica, respetada y muy querida con un horno moruno, auténtico, reclamado por media provincia. El mundo del comercio, del deporte, la cultura, artesanía, los nuevos vecinos asentados en el municipio.

Se le dirá adiós desde el Espacio Cultural de Los Gallardos, en la Plaza Miguel Cánovas, me informaba en la mañana del martes el alcalde Fran Reyes, visiblemente emocionado por la pérdida de uno de los vecinos más ilustres y más conocidos. Sebastián no era uno cualquiera, digno de admiración y con una cosa que no todos tenemos. Sebas era alma pura, generosa siempre. 

La muerte de un amigo de verdad duele, uno de los pocos que no tenía prejuicios, provoca un desgarro difícil de aceptar y nos empobrece porque estamos ante la pérdida de uno de los mejores, cómplice y pañuelo de muchos desahogos. Hemos estado casi en todas las facetas de la vida, en casi todas. Voraz lector, inteligente y atento sin hacer distinción de nada. Sebastián ha tenido la virtud de escuchar un ejemplo y ser salvajemente sincero, una virtud frente a los bulos. 

Hay amigos de la infancia que sin saber por qué se desconectan, o nos desconectamos, y con Sebas eso no ha ocurrido ni en los buenos, ni en los malos momentos cuando los amigos de verdad dan la talla. Cuando su hija Claudia y su primo Miguel Ángel Mañas me informaron de la triste noticia quedé roto, aunque iba sabiendo día a día por su primo. Le escribí un perfil el pasado año en el que glosé algunos aspectos de su arrolladora personalidad. Seguro que no dejó fincas, barcos ni joyas, pero sí mucha dignidad, sentido común, compromiso, empatía y saber estar. Disfrutó de la vida y amó a toda su gente.

Sebastián González y Anita Crespo en su horno de leña de Los Gallardos.

Sebastián González y Anita Crespo en su horno de leña de Los Gallardos.Lanero

La actual panadería, junto a la iglesia, mantiene el prestigio que escapa de la frontera comarcal. Son muchos los que entran en el pueblo para hacerse con sus famosos panes, las empanadas, pastaflora, la favorita de mí familia, y dulces que se mantienen bajo la dirección de Ana Crespo, esposa de Sebastián. Ambos trabajadores desde media noche, haga frio o calor. Un trabajo impagable con un horno de leña. 

Tras la primera boda mediática, la primera televisada de Balduino y Fabiola, llegó el nombre de su famoso pan, el de las “fabiolas”, populares en casi toda Almería. Todas las generaciones hemos pasado durante madrugadas juveniles por la panadería, al regreso de las noches de Mojácar, para degustar de la amistad, los productos y alguna que otra confesión. En los de mi generación, hasta algún cochinillo asado, pero esa es otra historia.

Gracias a sus gestiones y personalidad única, fue concejal por el PCE, pasaron por Los Gallardos Julio Anguita, Marcelino Camacho, Antonio Romero, Concha Caballero, sin olvidar a sus camaradas de Almería como Antonio Muñoz Zamora, que pasó por los campos de concentración nazis, Paco Aznar, Dámaso Visiedo y Paco Sánchez, entre otros. Casi siempre, el punto de encuentro era el bar o la terraza de José María Crespo e Isabel Haro. Nieto e hijo de alcalde, su hermana Manuela ha pasado semanas enteras de hospital con su hermano, fue directora general de Calidad, Innovación y Fomento del Turismo de la Junta de Andalucía, quien apoyó mucho a las iniciativas de la provincia. Es primo de la concejala de Cultura, Esther González, docente en la Universidad de Almería.

Sebastián sentía pasión por la lectura y escritura. Autor de varios trabajos como 400 años después, publicada con motivo del IV centenario de don Quijote y Sancho una obra de teatro infantil conmemorativa del IV centenario. “El teatro”, decía Sebas, “representa una cura espiritual, lo más grande que hay”. Sobre El Quijote de la que le encantaba una de las definiciones más populares de que es prudencia saberse aprovechar de lo que oye, ve y estudia. “Si pudiera elegir al nacer, habría apostado por ser El Quijote con su humildad y la lección que nos da para rebajar egos”.

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