La herida de la riada sigue a la vista y dentro en Pueblo Laguna
La herida de la riada sigue a la vista y dentro en Pueblo Laguna
Un año después la destrucción que bajó por el río Antas se ha tornado en un muro verde refulgente de cañas. Al fondo junto al mar, la intocable laguna y una pareja de inadvertidos turistas que contempla la belleza de una bandada de aves posada sobre el agua impasible. Todo está tranquilo.
Ayer por la calle Juan Sebastián Elcano, se deslizaban como rayos hacia el mar dos chicas sobre patines que pudieran desconocer que hace justo un año, a las diez y media de la mañana bajaba más rápido aún que ellas y por ahí mismo una montaña de agua marrón. El río Antas apenas avisó, unos minutos que no fueron suficientes para que Diana Dudas fuera arrastrada hacia su muerte por aquel lodazal. Su viudo, su amor no puede hablar aún. Lo llama por teléfono Juan, el dueño del ultramarinos, amigo y vecino de negocio, pero los dos se echan a llorar a través del teléfono.
Así se cumple un año de aquella tragedia, con las marcas del agua aún visibles en las calles y dentro, en los corazones y mentes de sus vecinos. “Yo no lo he superado”, dice entre lágrimas María una vecina dentro de su casa aún sin arreglar. Llora pero es joven y decidida y lidera la asociación de afectados junto a una abogada de Albacete. Pero tiene miedo a que el río vuelva a entrar en su casa como un tornado.
La calle principal de Pueblo Laguna tiene un aire fantasmal, con hileras enteras de negocios vacíos, ventanas rotas y casas abandonadas tras aquel día. A su lado, en la misma calle, otros luchan, comerciantes, veraneantes y residentes. Cada uno lleva su propio ritmo. La única ayuda que han recibido ha sido la del Consorcio de Seguros.
Algunos que aceptaron el primer peritaje ya han vuelto a habitar su vivienda reconstruida. Otros que discreparon y lucharon por una tasación justa tienen pendiente aún la reforma. Hay residentes que ya han vuelto a disfrutar en agosto armándose de buen ánimo como Carmen y su amiga Maribel González. Ellas, todos como ellas, no quieren dinero, solo soluciones, que se trabaje en el río, en su cauce y en la laguna para que el tiempo haga olvidar las heridas del agua que aún se ven fuera y dentro.
Vera cobra la licencia de obras por las reformas No todo ha cambiado en Pueblo Laguna un año después de la riada de hace un año. El Ayuntamiento de Vera sigue cobrando por las licencias de obras a aquellos que perdieron sus casas. El viernes mismo un jefe de obra confirmaba que había ingresado por tres. El pago es de un 5,5 por ciento del presupuesto invertido. Hay una mayoría de segundas residencias en este conjunto de urbanizaciones, pero también hay primeros domicilios, sobre todo de parejas jóvenes de la comarca que decieron hacer su vida en este entorno. No hay perdón para ellos desde el ayuntamiento; tienen que pagar por recuperar su vivienda igual que si quisieran hacer una chimenea por gusto.
Otro impuesto que no perdona el erario municipal es el IBI. Es el que pagan los vecinos por unos servicios municipales que no tienen. Un par de vecinas se quejan de que no ven los servicios de limpieza desde hace semanas. El polvo y arena de las obras alrededor se amontona recordando tristemente el barro seco de hace un año.
Hay abandono por todos lados. El barro convertido en polvo sigue en un teléfono público abandonado. Nadie se hace cargo de él. Como muchas viviendas.
Hay quien afirma que los propietarios han cobrado del seguro y han preferido invertir ese dinero en algo distinto y a la par olvidar aquello. Los carteles de las constructoras salpican los duplex y apartamentos, hay empresas de Murcia y también de Antas, de Garrucha o de Olula, como Olumafi, que ha reformado 17 duplex. Comenzaron a limpiar primero al mes siguiente de la desgracia.