La revolución del olivo en Tíjola: como 14 campos de fútbol
La Coordinadora Ecologista Almeriense presenta alegaciones al proyecto de Olisur al ser de régimen intensivo

Fincas de olivos de Olisur
Olisur, una Sociedad Agraria de Transformación con sede en Tíjola, ha presentado un proyecto para la plantación de 14 hectáreas de olivos en régimen intensivo de regadío en los parajes de El Cantú y Palomino. Olisur se constituyó en 1998, con el objetivo de fabricar, envasar, almacenar y comercializar aceite de oliva. La sociedad obtiene el producto de unos 2.500 oleicultores de varios municipios de la provincia almeriense.
La Coordinadora Ecologista Almeriense ha presentado alegaciones a este proyecto asegurando que ha realizado un desmonte sobre terreno forestal. Añade el colectivo que “según el Plan Hidrológico, la masa de agua sobre la que se quiere alizar la extración para regar está catalogada como sobreexplotada en el Seguimiento del Plan Hidrológico de la Cuencia Sur”.
La sociedad, que comerciliza su aceite con la deminación de Tijoliva, tiene las tierra de cultivo tradicional entre Entre Tíjola y Armuña de Almanzora.
Olisur afirma haber mejorado el uso de los recursos hídricos mediante el sistema de riego por goteo programado en las horas con menos radiación solar y a una profundidad de 40 cm para mantener la humedad y cuidar este recurso tan escaso como es el agua. “El desarrollo sostenible es una de las claves que nos permiten mantener la calidad del producto sin comprometer el equilibrio medioambiental”, añaden.
La producción de aceite comienza por la recolección de la aceituna entre los meses de noviembre a enero. Este método puede estar mecanizado mediante grandes maquinarias agrícolas o de lo contrario, a través de técnicas tradicionales conocidas como “el vareo”, usando una larga vara con el fin de golpear y cimbrear las ramas. Esta última técnica resulta más costosa debido a la alta demanda de mano de obra y escasa motorización y maquinaria.
Al mismo tiempo facilita la selección de aquellas ramas productivas, liberándose así tensión al árbol, y sin generar gases de CO2 por la escasa inclusión de maquinaria de combustibles fósiles. Sobre el suelo se extienden unas lonas para recoger los frutos del árbol y después se lleva a la almazara.