Comercial Ceuta echa el cierre
Comercial Ceuta echa el cierre
Se anunciaba en la ciudad ochentera con el reclamo ‘Ahora Ceuta también en Almería’. Era la época de los radiocassetes a red y a pilas, de las tiernas calculadas Casio, del bombazo de los walkman, de los relojes digitales para señora y caballero.
Era, aún, la edad de la inocencia tecnológica cuando un día de diciembre de 1982 abrió sus puertas, en Artés de Arcos, Comercial Ceuta. En un barrio que empezaba a exhalar trajín comercial: al lado del Kampeon, frente a la Caja de Ronda, en el vértice de Hermanos Machado.
Ha echado el cierre este mítico establecimiento almeriense, la creme de la creme de aquellos años en los que empezábamos a flirtear con el sonido ‘cien por cien estéreo’, con las viejas cintas vírgenes en las que se grababan las canciones de Radio Cartagena. Como mucho antes echaron ese mismo cierre otros emblemas de ese barrio de nuevo cuño como El Morón con sus taberneros, trasladado a otra calle contigua. No sabemos si es por la malvada crisis o por el relevo generacional en los Asensio, la familia que lo regentaba, a través del patriarca Salvador. Lo cierto es que la reja metálica aparece como una cárcel de barrotes, debajo de los arcos, con cartas comerciales tiradas en el rellano y unas pocas cintas de videocassettes y aparatos de radio resistentes al tiempo manteniéndose tras el cristal del escaparate.
El establecimiento, visitado por gente de toda la provincia, en los años en los que Almería aún desconocía los grandes centros comerciales, se nutría de los productos de importación de Melilla, Ceuta y Canarias; era heredero de aquellos estraperlistas de los 50 que llegaban en El Melillero y pasaban los aparatitos de radio en los calcetines para que algunos almerienses pudieran oir los goles de Zarra o de Campanal narrados por Joaquín Marco o Matias Prats. Con la misma marca, llegó a abrir local también en Granada y antes en Castellón, Murcia y Córdoba.
Los escaparates de Comercial Ceuta, con sus aparatos músicales, sus calculadoras, fueron un canto a la ilusión de quien se asomaba. Porque cuando cierra un establecimiento, no solo acaba el negocio, el trato comercial: mueren también los sueños, la ilusión que generaron en generaciones.
Quién no se compró alguna vez un despertador, un reloj digital o un radio cassette. como los de los moros, en Comercial Ceuta.