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El profesor de El Ejido que lleva casi dos décadas reinventando la enseñanza

CODAPA premia la trayectoria de Alberto Romero y su apuesta por la innovación educativa

Alberto Romero Moya posando junto a su premio Codapa.

Alberto Romero Moya posando junto a su premio Codapa.Alberto Romero

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En una educación cada vez más cambiante, donde el papel del docente ya no consiste únicamente en transmitir conocimientos, profesores como Alberto Romero Moya se han convertido en una referencia dentro y fuera del aula. El ejidense, ligado desde hace casi dos décadas a la Formación Profesional pública y al IES Santo Domingo, ha sido reconocido recientemente con uno de los premios CODAPA en la categoría de Personas y Entidades Defensoras de la Educación Pública, un galardón que reconoce su trayectoria, su implicación con la innovación educativa y su apuesta constante por nuevas formas de enseñar.

Lejos de recibirlo como un reconocimiento individual, Alberto entiende este premio como un impulso para seguir defendiendo una educación pública adaptada a la realidad actual y centrada en las verdaderas necesidades del alumnado. De hecho, reconoce que la noticia llegó en un momento especialmente complicado a nivel personal y que terminó convirtiéndose en “un revulsivo” que le recordó por qué decidió dedicarse a la enseñanza allá por el curso 2007-2008.

La propuesta para recibir el galardón partió de FAPACE Almería, la federación provincial de asociaciones de madres y padres, con la que lleva años colaborando en jornadas, encuentros y actividades educativas. Una relación que, según explica, siempre ha entendido como algo natural, ya que considera fundamental que docentes y familias trabajen de forma conjunta y compartan inquietudes sobre la educación de los jóvenes.

Y es precisamente esa visión abierta y cercana de la enseñanza la que ha marcado toda su trayectoria profesional. Durante estos casi veinte años en las aulas, Alberto Romero ha vivido en primera persona una transformación enorme del sistema educativo y, especialmente, de la Formación Profesional, una rama que actualmente atraviesa uno de los cambios más profundos de las últimas décadas con la implantación del nuevo modelo de FP Dual.

Adaptar la enseñanza al mundo actual

“La sociedad ha cambiado y la educación también tiene que hacerlo”, resume el docente ejidense, convencido de que uno de los grandes retos actuales pasa por adaptar la enseñanza a la realidad del alumnado y también al mundo laboral al que tendrán que enfrentarse en apenas unos años.

Actualmente, Romero desarrolla su labor dentro de la red andaluza de dinamizadores de Formación Profesional, una figura impulsada para reforzar la conexión entre centros educativos y empresas dentro del nuevo modelo de FP. Un trabajo que le permite conocer de cerca la realidad de prácticamente todas las familias profesionales implantadas en la provincia y colaborar para que los estudiantes puedan desarrollar su formación en entornos laborales reales y con garantías de calidad.

El cambio, explica, es profundo. Frente al modelo tradicional, en el que el alumnado pasaba casi toda su formación dentro del centro educativo y realizaba únicamente unas prácticas finales en empresa, ahora el aprendizaje se desarrolla desde mucho antes en contacto directo con el mundo laboral. “Ya no se trata solo de aplicar lo aprendido en clase, sino de aprender también dentro de la propia empresa, con tecnología real, maquinaria actual y situaciones que el centro educativo muchas veces no puede reproducir”, señala.

Aunque ahora desarrolla un papel más centrado en la coordinación y la dinamización de la FP, Alberto sigue muy vinculado a la innovación educativa y a las metodologías activas, una filosofía que comenzó a construir durante sus primeros años como profesor. Y lo hace, además, desde una reflexión muy sincera sobre sus propios inicios en la enseñanza.

Él mismo reconoce que cuando comenzó a dar clase con apenas 22 años reprodujo el modelo educativo que había vivido como alumno: aprendizaje memorístico y un sistema basado casi exclusivamente en estudiar para un examen. Sin embargo, con el paso del tiempo entendió que esa metodología no siempre conseguía generar un aprendizaje real y duradero en el alumnado.

El alumnado como protagonista

A partir de ahí comenzó un proceso constante de formación, investigación y cambio metodológico que le llevó a apostar por modelos educativos mucho más participativos, donde el estudiante deja de ser un mero receptor de contenidos para convertirse en protagonista activo de su propio aprendizaje.

“Cuando el alumnado participa, investiga y experimenta, el aprendizaje termina siendo mucho más significativo”, explica Romero, que defiende la necesidad de que los docentes también sean capaces de salir de su “zona de confort” y replantearse continuamente cómo enseñan.

Eso sí, también insiste en que innovar no significa que todo funcione siempre a la perfección. De hecho, considera fundamental que el profesorado aprenda también de los errores y evalúe constantemente qué dinámicas funcionan y cuáles no, ya que incluso una misma metodología puede dar resultados completamente distintos dependiendo del grupo o del momento.

Pese a ello, asegura que merece la pena apostar por una enseñanza diferente, especialmente cuando se observa la evolución del alumnado: “Al principio muchos estudiantes son escépticos porque están acostumbrados a otra manera de aprender, pero cuando participan y ven que realmente entienden lo que hacen, la respuesta cambia completamente”, afirma.

Ese compromiso con una educación más cercana, más práctica y más conectada con la realidad es precisamente lo que ahora ha querido reconocer CODAPA con este galardón. Un premio que trasciende lo individual y que también sirve para poner en valor a toda una generación de docentes que, lejos de conformarse con repetir modelos del pasado, intenta reinventar la manera de enseñar para conectar de verdad con el alumnado. Porque mientras la educación cambia, la tecnología avanza y las aulas evolucionan a gran velocidad, profesores como Alberto Romero siguen defendiendo una idea sencilla pero poderosa: que aprender no debería consistir únicamente en memorizar contenidos, sino en despertar curiosidad, crear oportunidades y dejar huella mucho después de que termine la clase.

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