Sánchez o el placer de acostarse en el lado izquierdo de la cama
Idealismo o Pragmatismo. Voto en contra o abstención. Bolcheviques o mencheviques. Dar miedo o seducir. Diferentes nombres para semejantes disyuntivas. Así está, ha estado y estará la izquierda. En una Tribuna publicada en El País, José Ignacio Torreblanca describe cómo la “ética de la convicciones” – desarrollada por Max Weber- hace que el efecto principal de actuar sólo en función de las convicciones es que los actores se exoneran a sí mismos de las consecuencias de sus acciones.
“Obra bien y deja el resultado en manos de Dios”, señala Torreblanca. Si hay terceras elecciones, no será mi responsabilidad porque he obrado de acuerdo con mis más íntimas convicciones, pensará Sánchez; no pactaré con el continuismo de marca blanca, y eso me libera de toda responsabilidad, pensaría Iglesias a cuenta de su negativa al pacto suscrito por PSOE Y C´s en la pasada legislatura. Por contra, la ética de la responsabilidad, se ocupa de examinar una y otra vez la relación entre fines y medios, asumiendo gradualmente la transformación de la sociedad para devolverle algo a la gente a cambio de sus votos, para ser relevante para aquellos que te eligieron. En definitiva, ordenar las preferencias de acuerdo a las posibilidades existentes y tener capacidad para explicar a los votantes cómo y por qué se ordenan de tal forma. La política como constante instrumento productivo al servicio de los ciudadanos. Sánchez tendrá la sensación de haber obrado bien, se acostará tranquilo en el lado izquierda de la cama sin que le abrasen las sábanas de la traición, pero lo único que podrá devolver a sus votantes será una sensación tan vacía como ineficiente, que de nuevo Rajoy celebrará con una más amplia mayoría parlamentaria que seguirá restando poder de condicionamiento político a las demás fuerzas, y con ello capacidad de ser rentables para sus respectivos votantes. De la misma manera, Iglesias podrá prometer el asalto al cielo, pero en tanto que sus votantes siguen sin llegar a rozar las nubes, algunos pueden dejar – véase los resultados del 26-J- de creer en la promesa.
Tanto Sánchez como Iglesias cosechan una reciente y gran contestación interna. Juntos, forman parte nuclear del ensimismamiento de una izquierda que ha comprado el discurso del dogmatismo frentista y de la asimilación tramposa de la cesión a la traición, desembocando en un vergonzante impasse político que ya sabemos a quien beneficia. Por duro que parezca.