La Voz de Almeria

Opinión

La vaca que rie

Rajoy y Sánchez tendrían que haber dimitido. La política es grandeza. Hay que tener vergüenza torera. Los jíbaros avariciosos no tienen cabida. Es necesario un pacto de Estado

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Está todo inventado. Otra cosa es que se quiera usar el invento que, ahora, sería remedio. El rey, enmarcado en oropel, dijo en Nochebuena: hay que respetar la Constitución y la Ley, la unidad de España, volver al espíritu de la Transición, y que la soberanía nacional está delegada en las Cortes, por lo a ellas toca decidir. ¿Eso era todo lo que tenía que decir ahora, un manojo de tópicos de corta y pega? Fernando Cepeda, torero legendario, en un clarividente artículo titulado “El toreo es grandeza”, basó ésta en el respeto, la ética y la dignidad como una herencia a la que se ha de ser fiel. Y transmitir. ¿Lo aplicamos a España, la realeza, la política y los políticos? Siempre hemos sido la piel de toro. La noche electoral me acosté muy temprano, asombrado de que no hubieran dimitido Rajoy, con una escalabraura que casi le parte el cráneo, al perder 3.651.036 votos y 63 diputados, ni Pedro Sánchez, con un tajo de 1.472.818 votos, 20 escaños y su partido en el mínimo histórico, pese a haber sido la oposición –que siempre crece- a un gobierno achicharrado del PP. ¡Hay que tener vergüenza torera! Si aplicamos esos principios que rigen la grandeza del toreo, las bases para la solución del sudoku político estarán cantadas: la Constitución las fija, incluidas las del progreso económico y social. ¿Es tan difícil para los Partidos que se autodefinen como constitucionalistas –PP, PSOE y Ciudadanos- respetar ese marco y engrandecer a España en la medida en que Europa lo consienta y/o lo fomente? No ser capaces de aunar esfuerzos en un pacto de Estado en pro del bien común de España para preservarlo frente a los antisistema sería una prueba del enanismo miserable de míseros politicastros. Los toreros tienen respeto, ética y dignidad. Y echan la pata p’alante. ¿No es mucho más exigible a un político, incluido el rey? Los apoderados de los torerillos que empiezan hacen de ponedores: como inversionistas, ponen, pagan para que sus pupilos toreen con la idea de hacerlos ricos. En las últimas elecciones ha habido, al menos, dos Partidos, nacientes –Podemos y Ciudadanos- cuyos ponedores han sido poderosos medios de comunicación y financieros. Son, pues, creaciones mediáticas, con vocación de caballos de Troya, casi lobbies más que partidos. No fue racionalmente explicable que el PSOE, con sus pactos en Alcaldías y Comunidades, se suicidase apadrinando a un Partido antisistema: en Madrid, en 2011 el PSOE obtuvo el 26’03% y en 2015 –cuando la lista la ha encabezado el siempre malhumorado candidato- el l7’88%; en Barcelona, ha pasado del 27’78 a 16’27; en Zaragoza, del 30’75 al 22’3; en Valencia, de 25’98 al 18’85. Y, en Barcelona, Podemos ha sido lo más votado. ¡Hemos dado marcha atrás setenta años, con ese magma de partidos comunistas, anarquistas, independentistas…! El pueblo ha votado, es verdad; sólo falta entender lo que ha querido decir. Pero es claro que la fragmentación en quesitos requiere de varios para tener la mayoría y que ría la vaca famosa por su risa o poder levantar El Caserío. Hemos votado –creo- cambio y pacto. Algo que el PSOE debe tener muy en cuenta en la dificilísima encrucijada en que él solo se ha metido. Más difícil fue la famosa negociación de los hermanos Marx –“la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primea parte”– y se resolvió: “por qué no hacemos que la primera parte de la segunda parte contratante sea la segunda parte de la primera parte”? Hay en el ruedo un toro complicado, pero peores los ha habido: los Pactos de la Moncloa, suscritos en 1977 por UCD, PSOE, AP y PCE; y la negociación de la Constitución. Se hizo con dosis enormes de generosidad y de inteligencia. Lo dejó dicho Marcial Lalanda: “al toro hay que poderle con inteligencia porque a bruto siempre gana él”. El PSOE, va en picado: de 10.127.392 votos, el 48’11% y 202 diputados, en 2002, con Felipe, va por 5.530.693 votos, el 22’01% y 90 diputados. ¿Es, así, como se respeta y transmite la herencia? Alguien debería inyectarle a Sánchez el sentido de la responsabilidad histórica: pactar en legítima defensa del Estado de Derecho y del bienestar, de la seguridad y del progreso. La ciudadanía valoraría la grandeza de la responsabilidad, y reprobaría la bajeza del egoísmo. Los jíbaros políticos no son admisibles. Unas nuevas elecciones, probablemente jibarizarían al PSOE y a Podemos, afanados en conseguir la fatua gloria de una Presidencia efímera. La unión de los Partidos responsables hace la fuerza. Y la fuerte ha de ser España. Es el momento de la grandeza de la política, similar a la del toreo. De la generosidad, no del egoísmo suicida. De la ilusión, no de la ambición estéril. ¡Feliz año, con esperanza!

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