Francisco Uceda. ‘i Candy’
La palabra poética suena ya como una vieja melodía. Muy atrás se ha quedado si se compara con la aventura que han seguido las artes plásticas desde hace casi un siglo. Y digo esto por lo que ha sido capaz de descubrirnos, por ejemplo, la fotografía, una mirada abierta hacia mundos inimaginables alejados de la simple realidad. En estos tiempos, donde todo envejece muy deprisa, el arte debería llevarnos, al menos, hacia el sueño de lo imposible. Y aunque ese viaje implique riesgos para el artista es un viaje imprescindible que puede llegar a ser incluso divertido. Las fotografías que Francisco Uceda ha traído a la Galería MECA, en Almería, desde Brooklyn, Nueva York, ciudad en la que vive y trabaja desde hace años, nos sitúan en esas coordenadas. Y me dirán que las vanguardias artísticas ya indagaron en la transformación del arte. Y es verdad, pero, un siglo después, aún andamos repensando lo que los ismos descubrieron en el vértigo de una década.
Las obras de esta exposición, ‘i Candy’, se sitúan en las antípodas de lo que es el clásico retrato fotográfico. La figura se utiliza únicamente como soporte para elaborar un nuevo discurso más cercano al de la plástica contemporánea, a esos objetos -poemas visuales, o esculturas- pintura, en el que se borran los límites entre disciplinas y lo híbrido es una raíz que se alimenta en tierras impuras. El making- of, el trabajo previo a la toma fotográfica, ha tenido que ser toda una experiencia creativa, un trabajo, “dulce”, gustoso que diría Juan Ramón.
En estos new portraits, el fotógrafo indaga en algunos estereotipos que conforman nuestro imaginario: una menina, un torero, un caballero, el boxeador, etc. Y para poder definir y al mismo tiempo cuestionar esas identidades Uceda recurre a complementos y abalorios, en una búsqueda de los rasgos que teóricamente perfilan un determinado estereotipo pero trastocando la naturaleza de esos atributos. Una mirada lúcida y lúdica que no olvida la importancia del humor y la ironía desde los que contemplar los ángulos de la representación, y a esos personajes que conforman el pequeño o gran teatro del mundo. En las correspondencias inverosímiles, una tarta con velas encendidas como tocado o un croissant como montera, estas imágenes trasmutan los iconos en renovadas efigies de nuestro confuso mundo. Sus personajes se reinventan bajo un disfraz dulce para adquirir un nuevo rol, y a través de su imagen establecen los resortes que los identifican con el grupo o la tribu. En ese juego surgen estas fotografías como metáforas sentimentales desde la distancia, Nueva York tan lejos… La poética busca en otras latitudes lo que siempre había buscado en la palabra.