La Voz de Almeria

Opinión

Almería estalla y demuestra que sí sabe movilizarse: no era el tren, era Ceuta

La Plaza Vieja se queda pequeña y los manifestantes terminan bloqueados en las calles adyacentes, mientras el centro presentaba un colapso de tráfico que ha impedido que muchos lleguen

La Plaza Vieja, abarrotada en la manifestación en apoyo a Ceuta.

La Plaza Vieja, abarrotada en la manifestación en apoyo a Ceuta.Juanjo Leal

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La gente está enfadada. Y mucho. La convocatoria de una concentración en apoyo a Ceuta en la Plaza Vieja ha desbordado todas las previsiones posibles. Desde al menos una hora antes, puntos como la Rambla Federico García Lorca, el Paseo de Almería o la calle de las Tiendas eran un auténtico río de personas dirigiéndose al Ayuntamiento de Almería. El tráfico del centro ha colapsado, el atasco ha sido monumental y más de uno no ha llegado a tiempo a una manifestación tras la que había mucho más que el mero apoyo a la población de Ceuta. 

Ahora habrá división de opiniones sobre algo tan matemático como la cifra de personas concentradas. Dirán algunos que unos cientos, otros que más de diez mil... Lo cierto es que da igual, hay una cuestión objetiva: la Plaza Vieja se ha quedado pequeña y había una auténtica multitud que se ha quedado fuera, en la calle Marín, en Jovellanos, en Mariana... No se cabía dentro, literalmente.

Había mucho rostro conocido que, a pesar de lo que nos venderán en los próximos días evangelizando sobre la división y la crispación, lo cierto es que demostraban en la Plaza Vieja que nada une más que tener una causa común. Allí andaban concejales, diputados nacionales y expolíticos. También representantes de la incipiente 'Se acabó la Fiesta' (SALF), junto a los Bomberos de Almería, esos que nos salvan día a día y que han acudido a la llamada de sus camaradas de Ceuta; también había inmigrantes que han hecho de Almería su patria, representantes del mundo cultural e incluso el recién dimitido Diego Cruz. 

Obviamente, no se trataba de un bloque de pensamiento único. Tanto es así que, con algún grito contra el actual presidente del Gobierno, algún que otro manifestante ha soltado un "pensaba que esto era en apoyo a Ceuta" mientras salía de la Plaza Vieja. 

En esa división de opiniones, cada uno recordará lo que le convenga para medir el éxito de la convocatoria del Día de Ceuta. Unos lo compararán con la celebración del primer Mundial de España, otros con el apoyo a la amnistía... Los ojos del que les cuenta esto han recordado aquella jornada en la que Almería se quedó muda y se concentró multitudinariamente en la Rambla contra ETA, por Miguel Ángel Blanco. Desde aquel día, yo no había visto una manifestación así. Esa es la vara de medir. Ese es el nivel de hartazgo.

Lo de la multitud, más allá de servir para mostrar apoyo a Ceuta o para explotar como una olla a presión contra un Gobierno que acumula casos de corrupción o gestiones fatídicas como la de la crisis migratoria de Ceuta y la ultraprotección que Moncloa le brinda a Marruecos (que han debido ser los últimos en enterarse de lo que estaba pasando, pobrecitos), ha permitido demostrar empíricamente una cosa: Almería sí sabe movilizarse.

Las movilizaciones del tren VS la de Ceuta

Es un mantra que repiten ciertos círculos de la sociedad civil almeriense y que hemos terminado por creernos desde los medios y en la calle: el almeriense, su idiosincrasia, es la de una indolencia que le impide salir a la calle a protestar por nada. Anclados en la desesperanza de saber que nada va a cambiar y de que Almería siempre será la última (y que de ahí no la saca nadie), Almería no grita.

Pasa, por ejemplo, con el tren. Cada movilización contra los retrasos del AVE o contra el mal estado del ferrocarril almeriense pincha en hueso y congrega a las mismas pocas caras de siempre. Si acaso, las cosas del campo sí movilizan a más gente, a agricultores que alguna que otra vez han montado pollos gordos en el centro de la ciudad, ya sea con tractores y camiones bloqueando el tráfico o tirando hortalizas contra la fachada de Hacienda (qué día aquel).

Pero ha llegado Ceuta para ponerlo todo boca abajo y demostrar que el almeriense sí se moviliza. Y sí, está enfadado. Mucho. Porque entre apoyo a Ceuta y gritos de "¡Viva Ceuta!" había muchos "Pedro Sánchez, dimisión", más de un "España cristiana y no musulmana" (que también denota cierto estallido social) y, por supuesto, el 'hit' más esperado: "Pedro Sánchez, hijo de puta". 

La llegada de decenas de miles de inmigrantes nadando hasta Ceuta, la tardía reacción del Gobierno de España, el debate entre ministros sobre si recibieron o no información previa, los informes de la Policía Nacional alertando del asunto, la inseguridad en las calles de Ceuta y todo lo que está pasando al otro lado del Estrecho de Gibraltar han servido para una cosa: saber que Almería sí sabe movilizarse. Y este 2 de septiembre ha quedado bien claro. Eso y que, en argot futbolístico, en el ambiente huele a cambio de ciclo.

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