Concluye una Dirección de récord: 38 años, 5 meses y 9 días
Pedro Manuel de la Cruz acaba su etapa de casi cuatro décadas en La Voz de Almería

Pedro Manuel de la Cruz, director de La Voz de Almería.
Escribió Machado en uno de sus versos más luminosos que todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar. Desde aquel lunes 1 de julio de 1986 en que subí por primera vez las escaleras de madera de la Avenida de Montserrat para firmar mi incorporación a la redacción de La Voz de Almería han pasado casi 40 años. Cuatro décadas en las que durante 38 años, 5 meses y 9 días he tenido el privilegio de dirigir su redacción.
Pero como en el verso machadiano, todo pasa porque todos debemos pasar. Hoy concluye mi tiempo en la dirección de La Voz y lo hago con el inmenso orgullo de haber contado desde el puente de mando del periódico de todos los almerienses el cambio más profundo que ha vivido la provincia en toda su historia. Contemplar y contar desde el camarote del capitán la vida de Almería y los almerienses durante 14.029 amaneceres ha sido una travesía apasionante.
Una travesía que no hubiera sido posible sin el respaldo constante de José Luis Martínez, mi editor, el apoyo de los cientos de redactores que han enriquecido mi experiencia vital y el afecto y el cariño de los lectores como usted, y de los amigos como tú.
Desde aquel sábado en el que en el VIP madrileño de O’Donell con Velázquez y delante de unos espaguetis y una milanesa José Luis Martínez me propuso, sin consciencia y sin cordura, ser director cuando apenas había cruzado el umbral de los 30 años, nunca pensé que aquel camino que empezábamos iba a acercarse al perfil quimérico de la eternidad.
Desde aquella tarde de temeridad y aguacero madrileño hemos construido una pareja tan cercana a la que Walter Mathau y Jack Lemon protagonizaron en ‘Primera Plana’ que ha acabado siendo irrepetible. Nos conocemos tanto que sin hablar y sin mirarnos ya sabemos lo que estamos pensando. Ahí ha estado la clave de tan extraña pareja formada por un navarro y un andaluz. Esa ha sido la clave de bóveda que ha soportado nuestras eternas discusiones.
Puedo confirmar y confirmo que quizá pueda haber dudas sobre si ha habido un editor y un director que hayan discutido tanto como nosotros. De lo que no tengo ninguna duda es que nunca ha habido un editor que haya dado más libertad a un director que a mí. Y esa realidad solo merece el infinito sentimiento de la gratitud. Ser uno de los directores en la historia del periodismo europeo que más años ha estado al frente de una misma cabecera- el segundo para unas fuentes, el cuarto para otras, pero siempre en el top five; el ChatGPT, ya saben-, es una satisfacción biográfica por la que siento un sosegado sentimiento de orgullo.
De los errores cometidos, que los ha habido y muchos - bajo mi dirección el número de noticias publicadas por La Voz supera el millón - el único responsable he sido yo, y a todos los que alguna vez han afectado esos errores solo puedo presentarles mis disculpas. Nunca - y bajo ninguna circunstancia - publiqué una noticia con la voluntad de hacer daño. Nunca. Quien me conoce sabe que digo la verdad.
Históricamente las revoluciones sólo provocaban un día de fuego y 50 años de humo. Hoy la revolución acude cada mañana al calor de los invernaderos, a la inteligencia de los laboratorios donde se investiga el futuro, al aprendizaje en las aulas de la universidad o, sencillamente pero noblemente, allí donde se proyecta la capacidad innovadora de una mujer o un hombre que se siente parte de un ejército que intenta cambiar cada día una realidad pública o privada compartida.
Los redactores que han pasado por La Voz han contado el cambio de una provincia que ha progresado más en 40 años que en toda su historia. Esa fue, es y será la inmensa herencia que la vida nos ha concedido a todos los que hemos trabajado en La Voz. Desde el último práctico al primer redactor, todos los que han construido La Voz desde su nacimiento hemos tenido la fortuna de ser río en lugar de ser laguna, de ser lluvia en lugar de ver llover. Hemos estado en primera línea contando esa revolución tan silenciosa como eficaz, tan compartida como ignorada durante muchos años extramuros de nuestras fronteras.
Hoy concluye mi etapa al frente de la nave. Los tiempos están cambiando y no hay mejor aliado para enfrentarse a los nuevos retos que la renovación de ideas, tecnología y personas. Estoy convencido que el nuevo capitán mejorará la travesía de una casa en la que se construye cada minuto la crónica real de la provincia desde hace 87 años.
Termina mi posición en el puesto de mando, pero la travesía sigue. Si un leopardo no puede borrarse las marcas de la piel, un periodista de verdad nunca deja de serlo. Nos encontraremos en otros escenarios.
Y como la vida es un fandango, nada mejor que recoger la profunda belleza del que proclama que “aunque me voy, no me voy; aunque me voy, no me ausento; porque me voy de presencia, pero no de pensamiento; aunque me voy no me voy”.
Ojalá que nos vaya bonito y la vida nos vista de suerte.
Feliz Verano.