“No había ni un céntimo”
Si cuando se acaba la harina todo es mohína, cuando se acaba el pacto llega el impacto. Y es que los espasmos postmortem que está pegando Izquierda Unida tras la defunción del acuerdo bipartito con el PSOE en la Junta nos están deparando momentos impagables. Con más despecho encima que una recopilación de los cien mejores boleros, los miembros de la coalición lloran lágrimas negras que además de salpicar a sus antiguos socios, dejan sobre el piso de la actualidad una mancha de ineficacia e indecencia que tan sólo sirve para confirmar su condición de complicidad sostenedora del permanente estrago que para Almería supone la Junta de Andalucía. Les cuento esto porque la hasta hace poco delegada de la Consejería de Fomento, la destituida Encarna Caparrós, desveló en rueda de prensa hace unos días que la verdadera razón por la que las obras de rehabilitación del Ayuntamiento de Almería no se han puesto en marcha es que “no había ni un céntimo”. Y la muy valiente lo suelta ahora que está fuera. Este desparrame de sinceridad nos permite comprender bien esa estrategia dilatadora y renuente de la Junta consistente en plantear convenios y más convenios, creando más fases y subfases, en un episodio puramente marxista, sí, pero al estilo de Groucho y Chico cuando hablaban de la parte contratante de la primera parte. Dicho en otras palabras, que nos mentían con toda la cara. Sin dinero para hacer obras y planteando y firmando convenios que sabían que no podrían cumplir por estar más tiesos que la mojama. Y no sólo eso: cuando el alcalde se quejaba de que ya estaba bien de dar largas al asunto, desde la Junta de Andalucía se le acusaba de “querer confrontar” y de dar mal ejemplo a los andaluces, porque los andaluces no quieren confrontaciones, etcétera. Bueno, pues eso es la Junta de Andalucía: una administración en permanente ejercicio de trile. Hay veces en las que uno se queda casi sin capacidad de describir el hartazgo que produce esta manera deliberadamente indecente de comportarse con Almería y con los almerienses. Ya está bien, hombre, ya está bien.