Javier Aureliano García, Fernando Giménez y dos formas de defender la inocencia del Caso Mascarillas
La actitud antes de la comparecencia ante el juez de los dos investigados refleja dos formas distintas de afrontar la compleja situación

Fernando Giménez y Javier Aureliano García, en sus respectivas salidas de la Ciudad de la Justicia tras comparecer ante el juez por el Caso Mascarillas.
La estrategia de más del 90% de los 43 investigados por el Caso Mascarillas de Almería ha sido la misma en el paso judicial de comparecer ante el juez de instrucción: la 'ley del silencio' y, si acaso, ratificarse en declaraciones previas relativas a un caso que empezó hace ya 5 años.
La decisión de acogerse al derecho de no declarar la justificaba cuidadosamente el abogado de Javier Aureliano García, Joaquín Monterreal, después de que su cliente optara por el silencio ante el juez Rey Bellot: "Ya prestó declaración hace unos meses y desde entonces no ha habido ninguna actuación", explicaba en referencia a la declaración del expresidente de Diputación cuando fue detenido el pasado mes de noviembre.
Sucesos
Javier Aureliano García y sus hermanos se acogen a su derecho a no declarar por el Caso Mascarillas
Álvaro Hernández
Tanto el exlíder del Partido Popular como el resto de investigados están esperando, realmente, al siguiente paso que debe dar el Caso Mascarillas: la llegada del informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil tras el volcado del contenido de los móviles requisados en noviembre. Una misma estrategia, la de la 'ley del silencio', para defender la inocencia.
Una misma estrategia y dos formas muy distintas de afrontarla para defender la inocencia
Y si bien la estrategia es idéntica para todos los investigados del Caso Mascarillas, la forma de encararla es bien distinta. Más allá de lo que pasa delante del juez instructor, ante situaciones como la que vive Almería como consecuencia del 'Caso Mascarillas' existen dos opciones: se puede tratar con relativa normalidad o se puede hacer justo lo contrario.
Cada una de esas dos posturas ha estado representada en las últimas semanas por dos de los más de cuarenta investigados en el Caso Mascarillas. Dos personajes públicos, que hasta hace menos de un año ocupaban un cargo político y que fueron detenidos en noviembre de 2025 por su presunta vinculación en la trama de adjudicaciones irregulares y supuesto reparto de comisiones. Fernando Giménez y Javier Aureliano García son las dos caras de una misma moneda a la hora de afrontar su situación actual.
A la carrera o con calma: así llegaron a la Ciudad de la Justicia los dos investigados
Ambos, presidente y vicepresidente de la Diputación Provincial de Almería hasta el pasado mes de noviembre, se encuentran en el tedioso proceso de defender su inocencia. Tedioso porque, en paralelo, se hace un juicio en redes sociales y en el bar de la esquina donde se decide quién es culpable y quién no.
Pero, convencidos de su inocencia, cada uno ha hecho el paseíllo ante la Ciudad de la Justicia de una forma muy diferente. Fernando Giménez lo hizo con esa normalidad de la que hablábamos en las primeras líneas: entró por la puerta principal, saludó a la prensa con la que se cruzó, explicó que no iba a dar declaraciones, que estaba tranquilo... Y, pasado el tiempo, tras salir de la sede judicial, pasó ante el edificio de Carretera de Ronda y fue fotografiado junto a su abogado. Actuó con normalidad. Y nada más.
Caso bien distinto fue, el pasado viernes, el del expresidente de la Diputación. Vaya por delante que ser juzgado por la calle es plato de mal gusto para todo el mundo, y que cada cual reacciona a una situación de presión como esta de la forma que mejor pueda y sepa. Pero fue sorprendente la de Javier Aureliano García, que de todas las formas posibles de actuar, eligió la de salir corriendo. Literalmente. Para esquivar a las cámaras, para evitar las preguntas. Para regatear lo incómodo, Javier Aureliano García lo hizo todo aún más incómodo. Más extraño.
Nadie dice qué está bien o qué esta mal. Son, simplemente, dos formas de actuar a la hora de afrontar una situación ya de por sí desagradable. Con la normalidad de quien va a defender su inocencia o con las prisas de alguien cuya principal preocupación antes de entrar en la Ciudad de la Justicia es la de evitar las miradas.
Y tampoco dice nadie que una actitud u otra signifiquen nada en lo que al Caso Mascarillas se refiere. Ni la llegada del tranquilo Fernando Giménez es prueba de inocencia ni la carrera de Javier Aureliano García es síntoma de culpabilidad. Solo él sabe si el viernes corrió avergonzado, con sentimiento de culpabilidad o por simple rechazo a los medios de comunicación que han contado, como parte de su obligación profesional, la presunta trama de corrupción en la que supuestamente estaría inmerso, con un hipotético lenguaje encriptado en clave dental y el emoticono de una muela como principal indicio. Lo que sí sabemos muchos es que nadie entendió por qué Javier Aureliano García echó a correr.
Cada uno es como es, claro. Fernando Giménez es calmado, incluso ante la que es sin duda una de las situaciones más duras que ha afrontado en su vida. Javier Aureliano García es el hombre que, en activo, madrugaba incluso los domingos para liberar tensión haciendo rutas de senderismo impensables para muchos. Dos formas distintas de ser, dos maneras muy diferentes de afrontar las cosas. "Quedarme quieta o echar a correr", decía una canción.