La Voz de Almeria

Opinión

Los Román y ‘La hoja del lunes’

Esta saga periodística ha sabido custodiar la llave de lo que Almería leía cada lunes en la Transición de la dictadura a la democracia

Familia Román en la redacción de La Voz de Almería.

Familia Román en la redacción de La Voz de Almería.

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Aquello nació en Harvard. Por filantropía. Por insurgencia épica. Bill Kovach y Tom Rosenstiel, dos prestigiosos periodistas norteamericanos, eran parte de un elitista núcleo de plumillas que, preocupados por el periodismo, empezaron a debatir sobre sus males. Así nació el libro ‘The Elements of Journalism’ y su defensa férrea de los principios de esta historia: la verdad y la honestidad profesional. Y la resistencia.

Pero antes que Kovach y que Rosenstiel, que Kapuściński y que Fallaci, que Pulitzer y que Hearst, que Bob Woodward y Carl Bernstein -los del Watergate-, que Chávez Nogales y hasta que el Gabo, el periodismo se ha ido forjando con los héroes anónimos que, ataviados del romanticismo que impregna el oficio, desafiaron a la lógica económica y del poder para emprender sueños con rápido billete de vuelta. Uno de esos sueños fue ‘La Hoja del Lunes de Almería’, aquel periódico de la Asociación de la Prensa de Almería que salió a las calles colmenescas de Almería del 12 de diciembre de 1947 al 25 de abril de 1949 y que volvió a publicarse, a pocos días de la muerte de Franco, del 29 de septiembre de 1975 al 6 de febrero de 1978 -recomendable el libro ‘Asociación de la Prensa de Almería, 1931 – 2001. 70 años de historia’, de José Manuel Bretones.

Aquello, como el dictador, murió de pena y de deudas, pero la herencia de esos tres años de periodismo soñado, todo un vacío documental, forma ya parte de la provincia. El 3 de diciembre de 2025, la saga periodística de los Román -los Román García; entre ellos, José Manuel, nuestro Román- donaban al Archivo-Biblioteca de la Diputación la colección de esos tres años de la Transición: 115 ejemplares -ocho se extraviaron-. Medio siglo después de su cierre, ‘La Hoja del Lunes de Almería’, aquella colección del periodista Manuel Román González (Vera, Almería, 1923 – Almería, 2017), es, ya, un libro abierto. Que eso es el periodista: un historiador doméstico que narra la vida como un viejo juglar y de cuyas crónicas, fotos y columnas se alimentará la historia.

Un ejemplar de la 'Hoja del Lunes'.

Un ejemplar de la 'Hoja del Lunes'.

Pero volvamos a la raíz. Que hasta el nombre es un guiño al origen de todo. Que aquello suena a Gutenberg y a hojas impresas, las volanderas, descendientes de los romances medievales y de los avisos venecianos y precursoras de las gacetas y los mercurios. Sí, se llamaba hoja. Y vino a cubrir el hueco del descanso dominical. Empezó, cuenta Román hijo en la web ‘Bajo el Manzanillo’, en 1947, hijo de ‘La Hoja del Lunes’, del gran Martimar (1939-1947). El título nuevo: ‘La Hoja’. A secas. Acabada la II Guerra Mundial, en aquella Almería anodina de posguerra tan bien retratada en ‘Viento Levante’ por Celia Viñas, el periódico de los lunes era ya de la Asociación de la Prensa. Una quimera que se vendió poco y que costaba demasiado: “La escasa venta, los impuestos y el coste del papel terminaron con la publicación (...), relata Román. Siguió a los mandos, Martimar, de El Yugo. El precio, 40 céntimos: “ (...) Y llegó a contratar contenido informativo a través de la agencia de noticias Efe”, precisa El capitán.

Era una hoja muy parecida a las volanderas: cuatro páginas: “(...) Sus ventas eran muy bajas y los gastos elevados, como el de la Agencia Efe, que cobraba 700 pesetas mensuales por el servicio”, apunta Bretones. Aquello cayó fulminado en abril de 1949.

Durante 26 largos años, los lunes de Almería se enfrentaron al silencio periodístico. Así hasta que en 1974 llegó a La Voz el director Donato León. Y, con él, cuatro aventureros. También de La Voz. Manuel González Román, que firmaba como ‘Andarax’ y era redactor-jefe, Antonio Grijalba, Diego Domínguez, el ‘Dido’, y José Manuel Román García, a veces ‘Santelmo’, tantas otras ‘Plinio’. En la dirección, Teófilo Gutiérrez. Dos colores, el rojo y el negro. Y 16 páginas. Lo mollar, los deportes. ‘La Hoja del Lunes de Almería’, que era casi un semanario deportivo, nació 53 días antes de la muerte de Franco. El 29 de septiembre de 1975, con una foto de Ruiz Marín, aparecía el primer número. Un titular: “Ganó, pero no convenció” -crónica del Almería-Ceuta-. Y un editorial: ‘Buenos días’. Y un deseo: el de la noticia viva y palpitante. El precio, 10 pesetas.

15 costaba el 6 de febrero de 1978 cuando firmaba su adiós. El domingo había jugado el Almería con el Barcelona Atlético. El Adra había ganado al Puerto Malagueño. Tres accidentes se habían registrado ese fin de semana. Una despedida: ‘Último número’. La economía y no el personal angostó aquella idea de hacer de cada lunes un romance épico de gestas deportivas, una hoja propia del romanticismo del siglo XIX. En esas, Román padre decidía guardar con celo en unas cajas aquellas 1968 páginas. Y, aunque se perdieron 128, los Román han sabido custodiar la llave de lo que Almería leía cada lunes en la Transición de la dictadura a la democracia. Resistencia ante el silencio, frente al olvido. A eso llamaban periodismo Bill Kovach y Tom Rosenstiel. Ahora ‘La Hoja…’ es de todos. Como los Román. Son de todos.

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