Recuerdos de niñez
Cuando observo a mis hijos me pregunto si recordarán, pasado el tiempo, el momento que les ha toca vivir. Por fortuna, nada saben de crisis económica o política, ni de la bajada de sueldos, de los encajes de bolillo para cubrir gastos fijos y hacer la compra, no son conscientes de qué es no tener trabajo, no poder comprar el juguete de moda o no comer, no ya lo que uno quiere, sino lo que debe. Por desgracia hay muchos niños que sí lo sufren; en Almería, Cruz Roja ha atendido a más de 3.000 niños en situación extrema en el último año; éstos sí se acordarán del momento actual tan convulso, lo llevarán grabado para siempre, y recordarán el rostro angustiado de sus padres tratando de no hacerlo notar. Gracias a nuestra Constitución, hemos disfrutado del mayor tiempo continuado de prosperidad y libertades del País pero, salta a la vista que algo ha fallado para encontrarnos en esta realidad. Así se hace necesario cambiar aspectos fundamentales de nuestra Constitución, como fletar el Estado del Bienestar con un fondo de garantía, donde el gobierno de turno no pueda destrozar la sanidad pública, universal y gratuita, ni la educación para todos que vele por la igualdad de oportunidades, ni los servicios sociales que den dignidad a quienes más lo necesitan. Esta reforma se precisa también para tener una democracia más participativa, con separación veraz de poderes y mayor transparencia y control de lo público. Demos respuesta a inquietudes actuales dejando a un lado la rancia tentativa centralista del Estado y la ambición desmedida de los nacionalismos secesionistas, construyendo un Estado dialogante que nos fortalecerá y cohesionará, para sentirnos todos lo más cómodos posible en nuestro espacio de convivencia.
Se me hace difícil recordar qué sentía con cuatro años de edad, momento en el que se aprobó nuestra Carta Magna, pero me gustaría que nuestros hijos recuerden, como yo, lo típico de una niñez sin problemas y no la decadencia actual, fruto de la desfachatez política y la dejación ciudadana.