La Voz de Almeria

Opinión

La compasión

Salí al exterior a esperar el autobús de las cuatro y cuarto, que hace el servicio del aeropuerto hasta Murcia, y no quedaban plazas

El chófer de la línea regular nos hizo un billete manual a los siete desgraciados que carecíamos de él y pudimos subirnos en el autobús de refuerzo.

El chófer de la línea regular nos hizo un billete manual a los siete desgraciados que carecíamos de él y pudimos subirnos en el autobús de refuerzo.Getty Images

Beatriz Torres
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Aterricé en Alicante al mediodía y lo primero que deseé, después de subir a la primera planta y leer en un puesto que se vendía el mejor jamón ibérico del mundo, fue comerme un bocadillo de jamón. Me acerqué a la vitrina a observarlos y de paso enterarme de los precios, dieciséis euros el bocata.

Continué mi camino al siguiente puesto y allí costaba ocho. Pregunté si el pan llevaba algo por dentro, no, me dijo el camarero, entonces le sugerí si podía darme una tarrina de aceite. Se lo caliento, me preguntó, perfecto, le contesté, así estará más bueno con el aceite.

Me llevé la bandeja a una mesa pegada a los ventanales desde los que podía percibir la aridez del paisaje y los coches circulando por la autovía. No era muy idílico, pero era el sitio menos ruidoso del aeropuerto.

Salí al exterior a esperar el autobús de las cuatro y cuarto, que hace el servicio del aeropuerto hasta Murcia, y no quedaban plazas. Como era domingo no estaba la chica que habitualmente vende los billetes de Alsa en la calle, ni tampoco funcionaba la máquina expendedora. Tuve que esperar al de las cinco y cuarto.

También se completó, pero venía uno de refuerzo. Había esperanza, la cual duró muy poco porque el autobús de refuerzo no podía expedir billetes aunque tuviera asientos libres. En ese momento se inició una lucha por revertir la situación. Y el chófer de la línea regular nos hizo un billete manual a los siete desgraciados que carecíamos de él y pudimos subirnos en el autobús de refuerzo.

A lo largo de estas lides conocí a Marina, una joven murciana que vive en Bretaña y eso fue lo mejor. Llegamos a la estación de Murcia, quizá la más caótica de España, máquinas rotas, taquillas cerradas y páginas que no funcionan. Así comenzó la siguiente aventura: conseguir un billete para Vera.

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