La entrevista y “la entrevista”
El periodista es simplemente un negociador del acceso del pueblo a las clases imposibles
En mis tiempos de estudiante de periodismo, corría por las aulas de la Escuela un dicho sobre la entrevista que dice así: La entrevista es un trabajo que uno hace y otro cobra. No sé ahora cómo estará el asunto con esto de las nuevas tecnologías y el despido libre. Hay muchas formas de entrevista, por supuesto, pero las más socorridas son aquellas que cubren una zona oscura de la sociedad a la que el periodismo como tal no puede llegar. Imaginen qué tipo de preguntas le haríamos a un extraterrestre despistado que se hubiera colado una noche nuestro planeta. ¿De dónde vienes? ¿Te gustan nuestras mujeres? ¿Eres forofo del Madrid o del Barcelona? En la prensa del corazón la entrevista apenas si tiene marchamo informativo porque aquí lo cubre casi todo las fotos en color del personaje y porque además la transformación social apenas si cuentan en la prensa basura.. Habrán leído ustedes modelos de esta guisa: ¿Un color? ¿Un aroma? ¿Prefiere el verano o el invierno? ¿Duerme en pijama o como su madre la trajo al mundo? No vayan a creer ustedes que estos cuestionarios son baladíes, al menos para los que los utilizan. Si les preguntáramos a ellos dirían que son como retratos psicológicos del entrevistado, un suplemento cuando menos de la tumbona del psiquiatra. En general, la entrevista que se tiene por más útil y transcendente es aquella donde el protagonismo del preguntador desaparece encarnándose en las ansias de saber del hombre de la calle. Aquí el periodista es simplemente un intermediario, un negociador del acceso del pueblo a las clases imposibles, cada vez más imposibles. Luego están, claro, las entrevistas de la publicidad descarada, las que sirven como contestación a cuestiones que nadie ha preguntado, las abiertamente políticas o electorales etcétera. No olvidemos aquello del trabajo que unos hacen y otros cobran. El periodista puede estar seco ese día. Sabe que con entrevistar a l pelanas más o menos popular que se tope por la calle, estará salvado. Sálvame,también aquí. Sálvame de luxe. Mientras tanto, los grandes problemas de esta nación pueden esperar. Y paradoja del periodismo de hoy : estos programas que a nada conducen sirven como bálsamo a los agudos problemas que nos llegan de una sociedad desmoralizada.