La Voz de Almeria

Opinión

Poesía y éxtasis

Me suele pasar cada vez que veo una buena bailaora de flamenco que me gustaría ser ella

Por qué no aprendemos de niños a tocar las palmas, bailar, cantar o tocar la guitarra.

Por qué no aprendemos de niños a tocar las palmas, bailar, cantar o tocar la guitarra.Getty Images

Beatriz Torres
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La primavera llegó con forma de poesía. Escuché a Carmen María López recitar poemas de su libro “Oración de la lluvia”, Premio Adonáis 2025. Me entusiasma la editorial de estos premios, libros sencillos y delicados, tan sutiles y verdaderos como su poesía. Versos como: “No es fácil acercarse a lo divino; La piedad está en la lluvia/ La piedad es el lenguaje del agua; Escribir es llover: dar en ofrenda; Escribir es oficio de agua”, forman parte de “Lo divino”, me falta leer “Lo humano”. Y a ambas partes le precede el poema Ítaca, el regreso a la infancia.

Qué lejos estamos de Ítaca y de todo el fundamento poético y mitológico de nuestra cultura occidental. Cómo es posible que no aprendamos en la escuela a leer y comprender la Iliada y la Odisea de Homero, siendo las raíces de nuestra civilización europea. Algo similar ocurre con el flamenco, por qué no aprendemos de niños a tocar las palmas, bailar, cantar o tocar la guitarra. Forma parte de nuestra idiosincrasia y debemos cultivarla, como los pueblos indígenas el respeto a la naturaleza.

“Tarab” es el espectáculo de Cristina Aguilera Flamenco Trío, que se presentó el domingo en el Auditorio de Vera. Me hubiera gustado tal y como significa esta palabra árabe haber entrado en trance o en estado de éxtasis como la misma bailaora, a través de la música, conectada consigo misma en su zapateao, apoderándose de su energía.

Me suele pasar cada vez que veo una buena bailaora de flamenco que me gustaría ser ella, estar dentro de ella sintiendo la música en cuerpo y alma, y liberar toda la energía posible en el baile.

Se me pusieron los pelos de punta un par de veces con el taconeo de Cristina, fue como un flash que me entró directamente y salió por la boca como una exhalación placentera. Qué goce. Yo quería más.

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