El exterminio de la corrupción
El cinco por ciento de la población consume más del veinte por ciento de los recursos
Vamos a contar mentiras. Digamos que queremos manipular el genoma humano en busca de la igualdad y en contra del choriceo de los políticos. Podríamos hacer algo parecido a lo que la naturaleza atribuye a la abeja colmenera: la categoría de obrera garantiza la homogeneidad de derechos y deberes. Corrupción imposible. Ningún resquicio a la trampa. Todo se aloja en los genes. Ahora que sabemos manipularlos, podrían los científicos alterarlos de tal suerte que las siguientes generaciones, pues la nuestra ya no tiene remedio, produzcan individuos altos y fuertes, bellos y seductores, ágiles y astutos, dotados de voz armoniosa, y de ambición en grado cero. Como las hormigas. Abnegados y virtuosos. Yo no sé si desearles un mundo así a biznietos y tataranietos… A lo mejor tendrían que reivindicar el derecho a la desdicha como dice la letra de la sevillana: Si me enamoro algún día me desenamoraré, para tener la alegría de enamorarme otra vez.
La ciencia, el desarrollo, no exime del mal. El cinco por ciento de la población mundial está formada por americanos del norte que consumen más del veinte por ciento de los recursos humanos. Si quisiéramos elevar el nivel de vida del mundo entero hasta el de los países occidentales necesitaríamos tres planetas más. Este formidable desequilibrio entre los desheredados y los otros abona las tensiones. Por eso radicalizan sus votos cuando es posible votar, o sus deseos cuando disponen de un arma.
Si queremos evitar ese quebrantamiento permanente de las formas, habría que modificar nuestras conciencias en busca de una sociedad justa. Pero encontramos, por el otro lado, una excepcional pérdida que Machado evocaba así: Hijo, para descansar, es necesario dormir, no pensar, no sentir, no soñar… Madre, para descansar, morir. También se podrían modificar las leyes para que ningún político, como en la violencia de género con el varón violento, pueda acercarse a cien metros del billete de quinientos euros. Por el mar corren las liebres por el monte las sardinas.