Almería y las exportaciones a Rusia
“El problema al que se enfrenta Almería, en relación con esta crisis es alto, pero lo es más en otras zonas de España”
Los temores del sector hortofrutícola almeriense por las posibles consecuencias en las exportaciones a Rusia tras las sanciones de la Unión Europea por el derribo del avión comercial de Malaysia Airlines se han cumplido. Con fecha de seis de agosto, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, firmaba un decreto que contempla limitar o prohibir la importación de productos agrícolas y alimentarios de los países que han aprobado sanciones recientemente contra dirigentes y entidades rusas, según el Kremlin. Putin, que considera "inaceptable" la utilización de sanciones como "instrumento de presión política", aseguró que la respuesta que dé Rusia debe ser "precisa", para ayudar a los productores nacionales sin "perjudicar" a los consumidores Los vetos estarían en vigor durante un periodo de un año.
Aunque el decreto firmado en el Kremlin no precisa de manera explicita países y productos, las posibilidades de que la creciente cuota de los productos almerienses en el mercado ruso queden severamente afectadas son altas. Especialmente, porque el clima de tensión presenta todas las características de una “tormenta perfecta”, que puede hacer desaparecer a Moscú y San Petersburgo de las hojas de ruta de los tomates y los pepinos almerienses. El problema al que se enfrenta Almería, en relación con esta crisis es alto, pero lo es mucho más en otras zonas de España, donde los volúmenes de exportación a Rusia son mucho mayores, como es el caso de los cítricos.
De forma directa, las exportaciones registradas con destino a Rusia representaron en la pasada campaña sólo el 0,7 por ciento del total, pero, también es verdad que este destino ha sido uno de los que más han crecido en los últimos ejercicios. Además, habría que tener en cuenta los envíos indirectos que tienen Holanda sus principales plataformas de intermediación. Y en Holanda, país al que pertenecen la mayor parte de las víctimas del avión derribado, la indignación ha alcanzado, lógicamente, el máximo nivel. De hecho, en diversos medios de comunicación holandeses, representantes del sector hortofrutícola ya han expresado su predisposición a asumir las consecuencias de una hipotética congelación de relaciones comerciales con Rusia.
Antes de que se anunciaran las sanciones económicas a Rusia, las autoridades de este país anunciaron que están estudiando la congelación de las importaciones de frutas con origen en la práctica totalidad de Europa.
En concreto, Rosseljoznadzor, entidad rusa encargada de control fitosanitario y veterinario y de evaluar los riesgos relacionados con las importaciones ha hecho pública esta posibilidad, apoyándose en la detección de la presencia de “un peligroso parásito, el trotrícido conocido como Grapholitha molesta o polilla oriental”. Teniendo en cuenta el uso recurrente dede supuestas razones de seguridad alimentaria para generar barreras fronterizas, no es difícil imaginar qué intenciones ocultaba esta iniciativa.
Dmitri Vostriakov, directivo de la Asociación de Productores y Proveedores de Alimentos Rusprodsoyuz dejo clara la situación bajo sombra de amenaza para todos el sector hortofrutícola europeo: “Si las importaciones europeas se suspenden, podremos sustituirlos con frutas importadas de Argentina, Turquía, Israel, Irán, China y otros países”, asegurando que “aunque esto hará crecer los costes de transporte, el precio al consumidor no se multiplicará”.