La Voz de Almeria

Opinión

En Carboneras se habla de la vuelta del clan de los Fernández a la política

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Fue llegar la noticia de que la justicia le salvaba la cara sobre la licencia dada al Algarrobico y Cristóbal Fernández, el que fuera durante veintiocho años la única voz de Carboneras, ha decidido volver a la política activa. En las últimas elecciones Cristóbal ni siquiera recogió su acta de edil, manifestando que dejaba la vida pública y se dedicaba a vida privada, a su familia y a sus negocios. Poco le ha durado la travesía del desierto. Ha sido sentirse inocente y en una reunión del Psoe local, rodeado de todo su clan (el de los Fernández) dijo que volvía, que se había dado cuenta de que sin él el Psoe no remontaba y que Carboneras se hundía en la miseria. Algunos dijimos en su momento que Cristóbal se marchaba dejando más luces que sombras en los muchos años que estuvo siendo el faro de ese municipio. Olvidamos que había sido un alcalde que necesitó una amnistía del gobierno de Zapatero para presentarse, condenado por la justicia; olvidamos que había llevado con mano de hierro la gestión del ayuntamiento y que más que él, miembros de su clan llevaban el quehacer diario del municipio. Hablar con Cristóbal era más difícil que hacerlo con el Papa santo de Roma.


¿Qué ofrece Cristóbal en su vuelta a la política? ¿Más de lo mismo ya conocido en Carboneras? ¿Se puede creer la gente a estas alturas que los carboneros le han pedido que vuelva, que sin él el caos ha llegado al pueblico? Busquen otra explicación, que esa no me parece la más real. Si Cristóbal dice que vuelve, y con él todo su clan, hay que encontrar otra excusa que le lleva a tomar esa decisión. Un rumor en el pueblo avala que en tiempos de crisis los negociaos van mal, y que los de el ex alcalde pueden andar en esa deriva. Si la familia se ha hecho mayor y ya no te necesita tanto, los negocios no dan los mejores resultados y el tiempo se hace eterno en las largas noches de Carboneras, es de suponer que vuelven los sueños de poder de otras épocas anteriores. Y con ellos las creencias de que se puede recuperar aquellos años de gloria y poder, cuando en la Autoridad Portuaria se tenía voz y con fuerza, o cuando en Sevilla se jugaba fuerte con consejeros y presidente.


Qué trabajo nos cuesta decir adiós. Lo entiendo, pasar de faro a farolico no es gusto de nadie, y menos cuando se tuvo todo el poder.


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