Prensa y poder
“¿Cómo pueden prolongarse durante años estas estafas gigantescas?¿Cómo puede ocurrir?”
“ Si los diarios no nos levantamos contra el poder, sacrificamos nuestro futuro”. He aquí una frase que firmaría cualquier alumno de primero de periodismo pero que hoy, habida cuenta de cómo está el tinglado informativo, parece la misma revolución. El autor de la misma no es un cualquiera. Pertenece al director de The Washington Post. El despido libre, los sueldos de hambre, el hundimiento de las empresas, el contubernio con los políticos y las nuevas tecnologías han hecho que el periodista sea un elemento perfectamente prescindible dentro del entramado de la conquista y mantenimiento del poder. De ahí que, al contrario de lo dice el director del The Washington Post, como se sacrifica el futuro de la profesión es siendo critico. Aquí está la razón , me parece a mí, de tanto plumilla que opta por callar o hablar de temas intrascendentes por miedo a que los que dominan les retiren el pan de sus hijos. Claro, luego los ciudadanos se llevan las manos a la cabeza al enterarse de los enormes casos de corrupción. Un día son los ERES en Andalucía o también, como dicen hoy, el supuesto fraude de los cursos de formación; otras veces son las cuentas de Bárcenas o las de Correa. El caso es que la gente sencilla, no teniendo otro modo de acceder a la verdad que el apoyo diario de los medios, se pregunta: ¿Pero cómo pueden ocurrir estas cosas?¿ Cómo pueden prolongarse durante años estafas gigantescas ? ¿ Cómo no hubo ni por una mala excepción un profesional que se saliera del rodillo para denunciar los robos al pueblo? En las autonomías, los presidentes de las misma tienen buen cuidado de mantener los medios informativos, especialmente la radiotelevisión, hasta el punto de que se pasan de presupuesto, arbitran auxilios especiales para que la voz del amo no se detenga. Esto hace aún más mansos a los trabajadores del medio dándose la circunstancia de que al estallar un caso de corrupción, por gran sea, los últimos en enterarse sean los que viven dentro. Hay un dicho que ahora corre mucho en las revistas de la profesión, defensoras por supuesto, del empleo. Dice así: “Sin periodismo no hay democracia”. Seguramente tienen razón pero con un periodismo atenazado, de oficina siniestra, la democracia está ya para la UVI.