La Voz de Almeria

Opinión

Publicado por

Creado:

Actualizado:

La pregunta no puede formularse en el sentido que aparece  una y otra vez, en las informaciones sobre el caso de Esperanza Aguirre: ¿cómo ha podido hacer alguien que sigue en la primera línea de la política, hacer algo tan absurdo y darse a la fuga cuando iba a ser multada por unos Agentes de Movilidad?, pues ello permite que una respuesta disparatada, como la ofrecida por la protagonista de los hechos termine siendo convincente. Ella ha dicho que no pretendía huir, intentaba evitar una fotografía que diera pie a un escándalo.


Una mujer tan sagaz y una política en estado puro como Esperanza, ya tuvo desde el primer segundo del suceso, el titular en su cabeza: “la expresidenta de la Comunidad de Madrid y líder autonómico Partido Popular en la misma región, multada por aparcar en el carril-bus”. Un duro varapalo para su más reciente aspiración a la alcaldía de la capital, una mancha inaceptable en un expediente, que tiene unos cuantos borrones como las sospechas por el “tamayazo” y las imputaciones criminales de algunos de sus consejeros más próximos, pero que no afean tanto como una multa de tráfico por aparcar en un carril-bus, la infracción tiene algo de insulto a esa gente común y ordinaria, que no posee apellidos tan ilustres, de vieja y rancia alcurnia como Esperanza, que absortos desde las ventanillas ven pasar una ciudad, hambrienta, brillante y absurda como decía Valle-Inclán .


Creíble Es creíble cuando dice que para ella todo aquello tenía la apariencia de un montaje para obtener una fotografía, pues habla desde su áurica cabeza que ha saboreado el sagrado alimento del poder, pero ya se sabe que un plato con tantas calorías produce el empacho de la sospecha, que puede ofrecer una línea de defensa aceptable, pero no elude su primera torpeza, aparcar donde no debía. El desatino de darse a la fuga y ser perseguida por la Gran Via y Malasaña, tiene que ver con un acto no de locura instantánea, más bien con una pequeña insensatez de niña asustada, quizás creyó que llegando a su casa estaría protegida y entre los guardias civiles de su escolta y los policías locales se entenderían y todo acabaría en nada, algo de mucho sentido común que podía perfectamente haber sucedido, sin embargo no fue así. Ojala que la clave de esta historia este en los funcionarios que hicieron lo que tenían que hacer y no en alguien que cree que su futuro político se hundiría por una multa de 200 euros.


tracking