La Voz de Almeria

Opinión

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‘Sin perdón’ suena a western, a clásico. A venganza cuando la ética está de tu lado, y la desvergüenza y el delito en la otra trinchera. Sin perdón suena a algo que tan bien nos define a los pobladores de los Pirineos hacia abajo. Nos hemos acostumbrado a los duelos sin pan, al pan robado bajo el brazo, al yo me lo llevo, me lo guiso, me lo como y salgo corriendo, (y por supuesto tonto el último) que bostezamos insensibles ante el improperio cada desayuno instalados en la quietud.

Leemos prensa de todos los colores a diario, recibimos noticias como tortas, y no salimos del estado de asombro, pasmados como reyes, por lo menos un servidor. La última cagada, y permítaseme el juego sucio de expresión y apellido, es la del señor José de la Cavada, responsable de relaciones laborales de la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales). No se le ha ocurrido otra cosa a este impresentable que vociferar a los cuatro vientos que los cuatro días de permiso por defunción reconocidos por el Estatuto de los Trabajadores son excesivos para estos tiempos nuevos: tiempos salvajes. No voy a hacer leña del árbol caído, este señor lo es; acepto sus disculpas rápidas ante la llamada al orden, denuncia social y grito mediático en el cielo. Nos estamos acostumbrando a tanto globo sonda que no hay pan para tanto bobo, vaya. Aquí se sueltan los dirigibles como pedos, salgan como salgan. Toda la fauna y casta pública está barnizada con el mal olor, y su oxígeno es helio, que aunque les sube muy alto amenaza con una caida descomunal. Así les va en encuestas y fervor ciudadano.

Antes de hablar y soltar cualquier cosa por la boca no he escuchado la palabra perdón. Creo que del diccionario de la RAE está extinta. Esa palabra nos separa de Europa. Aquí nadie declama y reclama el error o la metedura de pata nunca. Todavía espero de la CEOE disculpas públicas por el presunto chorizo que los presidía: el señor Díaz Ferrán. Como también las espero del partido gobernante por Bárcenas o del otro partido gobernante por los ERES, y un larguísimo etcétera. ¿Saben, queridos lectores? El perdón del monarca hace meses a instancias de su consorte, según los mentideros, por sus paquidérmicas correrías pensé que era el principio de algo, pero seguimos instalados desgraciadamente en el sin perdón, con pecado concebido, esperando los ciudadanos solo gestos corrientes, y que al final suene a clásico no solo el buen western sino el comportamiento cívico y ético de los buitres que gravitan sobre nuestras cabezas.


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