La Voz de Almeria

Opinión

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Para un fin de semana fructífero, activo y reponedor hay que olvidarse primero de toda la tediosa náusea que ha ido dejando la semana en el alma. Olvidarse, al poder ser, de Correa , Bárcenas  y Urdangarín,  así como de las internas luchas leguleyas del PP etcétera. Si la declaración de Hacienda te ha dejado como si te hubieras caído de un andamio, lo mejor es ensanchar el horizonte vital pensando en otras cosas. No decimos esto porque  nos disguste contribuir con nuestra modesta aportación al presupuesto nacional del cual tanto esperamos, sino porque viendo la tropa de trileros y de ladrones de guante blanco que luego se lo llevan calentito, pues qué quieren que les diga… Volviendo al asunto que hoy nos trae, digamos también que hay que obviar la España de la corrupción y pensar en otra España algo más pura que comienza por amar la tierra donde nacimos o  tal vez donde hemos hecho nuestra vida. La primavera nueva con sus flores amarillas al borde del camino sacaba de su depresión a Antonio Machado para visitar la tumba de Leonor aunque fuera valiéndose de un amigo. Así pues, con el mismo estado de ánimo debemos prepararnos para gozar del sábado y el domingo, los dos ojos del puente que nos saca de la rutina al ensueño. Por supuesto, lo mejor es viajar, contrastar paisajes, costumbres, visiones de la vida. Y si el bolsillo o la edad no dieran para tanto, al menos quedarse en casa recordando la verdad del mundo que amamos: los libros, la música, los cuadros inmortales etc. Todo  menos enzarzarse   de nuevo con esa  España fea, mentirosa y abocada a la pila cerdosa del dinero. Dijo José Antonio que amaba a España porque no  le  gustaba. Daría cualquier cosa para que viera hoy la España  de la corrupción  sin otro horizonte que llenar el saco a costa del erario público. La civilizadora del orbe mira harto la peseta y, ay, nuestros centinelas no ven otro camino en la noche.


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