Nueve proyectos que convertirán Almería en la “Gran Almería”
Es necesario trabajar de forma decidida en una agenda de “querencias”

Vista aérea de Almería.
La política es un territorio abonado a la desmesura donde las declaraciones de quienes las protagonizan demasiadas veces se acomodan en la inutilidad de la demagogia. Pero hay ocasiones en las que las definiciones se acercan con rigor a la certeza.
El lunes y bajo el artesonado del renovado Varadero, el presidente de la Junta recurrió mientras hablábamos a una expresión que, si en la mayoría de otras ocasiones se podría acercar a la exageración, esta vez tenía más proximidad con la realidad. Hay tres proyectos en marcha, me dijo, que van a contribuir de forma decidida a la construcción del “Gran Almería”. Hacía referencia al soterramiento, la peatonalización del Paseo y el inicio, por fin y después de treinta años, de la integración Puerto-Ciudad.
Hasta la llegada de la Democracia, Almería era, como tan certeramente la definió en los años 70 Fausto Romero, la Puerta de Purchena rodeada de suburbios. Una ciudad más cercana a un poblachón que a una capital de provincia moderna. Gobernada por rentistas de café, especuladores sin escrúpulos y funcionarios acomodados, aquella Almería veía pasar los años bostezando entre la indolencia propia y el olvido ajeno.
Los ayuntamientos democráticos cambiaron radicalmente ese escenario. Con errores, con lentitud exasperante casi siempre, pero la Almería de hoy no se parece en nada, en nada, a la de entonces. Han pasado más de cuarenta años desde que Santiago Martínez Cabrejas fue elegido alcalde, pero desde aquel 1979, la mejora ha sido continua, aunque nunca o casi nunca, con la celeridad y la intensidad que imponía la lógica y el deseo.
Tiene razón el presidente de la Junta cuando señala que el soterramiento, el puerto y el Paseo van a agilizar el tránsito hacia esa Gran Almería. Tres proyectos que modificarán la geografía estética, pero, a la par, la geometría económica. La llegada de la Alta Velocidad debe suponer un revulsivo socioeconómico porque pone, a la provincia y a la capital, en el mapa de las comunicaciones asumibles por cualquier persona que desee llegar hasta nosotros. El síndrome de esquina a la que es imposible llegar- el tren actual es una diligencia y el precio del avión está por las nubes- dejará de ser un obstáculo para aquellos que vean en la provincia un espacio atractivo de ocio o de negocio. El Puerto y el Paseo, si se hace bien y no quedan en un quiero y no puedo que los sitúe a medio camino, se convertirán en dos atractivos para dinamizar el centro.
Pero para llegar a esa Gran Almería es preciso, no solo eliminar parte de una histórica agenda de carencias, sino trabajar de forma decidida en una agenda de “querencias” que satisfaga las demandas que impone el tiempo presente.
Y entre esa agenda de “querencias” está la conexión de los distritos del levante de la capital con la autovía, la resolución de la entrada por el poniente, el desarrollo de la gran expansión de la Vega de Acá, el acceso al puerto desde Bayyana, el soterramiento de la vía Parque y el traslado de los espacios industriales de La Goleta y el final de la avenida de Montserrat.
Hay muchas más demandas- una ciudad es, por definición, un proyecto en permanente desarrollo- pero es a todas ellas a las que, priorizando la mejora permanente de los servicios básicos a pie de calle como la limpieza o la movilidad, deben aprestarse las administraciones, todas las administraciones, pensando, no en las próximas elecciones, sino en las próximas generaciones. Esa es la estrategia que hace grandes a las ciudades y que hará grande a Almería. Pónganse a la tarea de una vez.