Netanyahu pospone el ataque
Netanyahu pospone el ataque
La respetada revista estadounidense “The New Yorker” publica este mes un interesante y documentado reportaje sobre la destrucción de una planta nuclear siria en la localidad de Al Kibar. No me refiero al hecho conocido del bombardeo iraquí de Osirak hace más de veinte años. Aludo a otro hecho, casi desconocido hasta ahora, dirigido contra unas instalaciones de Siria en el 2007.
Los israelíes sospechaban que los sirios jugaban con la idea de poseer el arma atómica. La confirmación les llegó en una operación de espionaje de alta calidad. Unos agentes israelíes se colaron en la habitación del jefe de la Agencia de la energía siria que se encontraba en Viena, sacaron toda suerte de información confidencial de su ordenador y se marcharon sin dejar rastro. El material obtenido fue completado con fotos aéreas del lugar que mostraban, entre otras cosas, la presencia de coreanos del norte en la zona. Verde y con asas.
Los israelíes informaron en secreto a Bush. El Presidente estadounidense, escaldado con el embrollo de Irak y la no aparición de las armas de destrucción masiva, no quiso involucrase en la operación pero dejó actuar al gobierno judío de Olmert. Meses más tarde, ocho aviones israelíes lanzaban 17 toneladas de bombas sobre el blanco. Lo arrasaron y no lo hicieron público calculando acertadamente que el sirio Assad, por el ridículo que representaría tanto pregonarlo como admitir que estaba arteramente buscando el arma nuclear, permanecería asimismo en silencio.
Esta vez, con Irán, Obama no ha dado luz verde a Netanyahu. Teme en estos momentos las repercusiones a medio y también corto plazo dado que la elección estadounidense está a algo más de un mes. El Presidente americano, con todo, no ha vacilado en decir en Naciones Unidas que Estados Unidos no permitirá que Teherán tenga la bomba. Quiere, sin embargo, que nada altere su camino hacia la reelección y, como viene sosteniendo, dar más tiempo a la negociación. Netanyahu ha reculado momentáneamente.
Aprovechó asimismo el podio de la Onu para mostrar hábilmente un diagrama que apuntaba a que Teherán no posee aún la bomba nuclear pero que la tendrá aproximadamente en el verano próximo. Como ha dicho un comentarista, Israel ha corrido hacia atrás su línea roja.(La imagen del político judío con su marcador y el diagrama han dado la vuelta al mundo). Las presiones de Obama sobre su aliado Netanyahu, los dos políticos tienen una relación más bien fría, han hecho su efecto.
Obama, por otra parte, debe conocer que, a diferencia de lo que ocurrió con Irak cuando los americanos apoyaron a Bush, la opinión pública estadounidense en estos momentos no quiere intervenir en Irán. Una encuesta de una seria institución de Chicago señala que 70% está en contra y un 59% opina que Washington no debería apoyar a Tel Aviv si los israelíes deciden dar una bofetada unilateralmente a Irán. En este sentido, Romney, más belicoso y menos ducho en política internacional, no estaría en sintonía con el estadounidense medio. Será interesante ver cómo aborda el tema en el debate televisado con Obama que trate de la política exterior.
Netanyahu ha pospuesto el vencimiento de la letra. De aquí al verano hay tiempo para que Obama apriete las sanciones a Irán e intente convencer a los ayatollahs de que la transpariencia es indispensable. No tanto tiempo, con todo. Para el Estado israelí es un tema existencial. El Presidente iraní Admadinejad dijo hace días en Nueva York que Israel es un accident