La Voz de Almeria

Opinión

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(In animus iocandi) Parece que ha irritado a la oposición municipal el viaje del Alcalde a Bruselas para exponer la propuesta municipal de revitalizar el Casco Histórico de acuerdo a las pautas contempladas en el modelo de “Slow City” que poco a poco va teniendo su espacio en Europa. Para los ajenos al concepto, el movimiento “Slow” (“lento”, en inglés) busca un giro de calidad en cuestiones como el urbanismo, la gastronomía o el turismo, siempre buscando potenciar la calidad de vida y la tranquilidad frente a las urgencias propias de las sociedades urbanas. La idea podrá gustar más o menos, pero lo que parece obedecer más a una inflamación dolorosa y repentina que a una crítica sosegada es calificar de “sueños de nuevo rico” el intento de que Norman Foster hiciera un auditorio en Almería, sobre todo por parte de quien, cuando gobernó el Ayuntamiento, impuso la contratación del estudio Leira & Bustindui para meter una lengua de mar en Oliveros, permitiéndose además el gesto de llamar “catetos” a los que no caían rendidos a la belleza de tan singular ocurrencia.


Pero sobre todo, entre los síntomas que aconsejarían una rápida intervención cabría destacar la falta de perspectiva de criticar la presunta inacción del equipo de Gobierno en el Casco Histórico y no ver que el edificio en el que trabajan como concejales está tapado por una lona para cubrir el bochorno del incumplimiento que la Junta de Andalucía arrastra con la Plaza Vieja desde el año 2005.


Hacer discurrir la crítica por el intestino grueso puede producir dolorosas reacciones que, afortunadamente, no tienen consecuencias graves. Tranquilidad y buenos alimentos.


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