Todos somos víctimas
Todos somos víctimas
La conmemoración, un año más, del Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres, nos brinda la oportunidad de volver a alzar la voz contra una lacra que afecta muy seriamente a nuestro entorno más cercano, a cientos de familias de nuestros pueblos y ciudades, pero que lamentablemente todavía necesita de un Día al año que favorezca su proyección pública y ponga el énfasis en aquellos aspectos que más nos preocupan. Este año ha sido especialmente doloroso porque esta violencia que busca dañar a la mujer, se ha ensañado particularmente con otras víctimas, inocentes también, pero mucho más vulnerables: sus hijos e hijas, que como víctimas directas e indirectas sufren la violencia de género. Hemos vivido con especial consternación casos de muerte de menores a manos de su padre, pero también hemos visto como se convierten en testigos de las agresiones y de los asesinatos que tienen como víctimas a sus madres. No podemos volver la espalda a las graves consecuencias que puede tener en los niños el estar expuestos a la conducta violenta de un agresor de género en su propio hogar. Cada acto de violencia contra una mujer es siempre un atentado directo contra los derechos fundamentales de las personas. La violencia, en cualquiera de sus formas, es incompatible con la libertad, incompatible con la justicia e incompatible con la necesaria igualdad. Pero sobre todo, la violencia es intolerable cuando su resultado directo es la muerte de una mujer. Son muchas las medidas y los recursos destinados a poner punto final a esta auténtica lacra. Aún así, la emergencia y el riesgo persisten. Año tras año asistimos al cruel espectáculo de las frías y desoladoras cifras que las estadísticas arrojan al espejo de nuestra propia vergüenza: en lo que va de año, 40 mujeres han sido asesinadas en España. En nuestro esfuerzo por erradicar esta auténtica calamidad de nuestra sociedad, desde el Ayuntamiento de Almería estamos trabajando para ofrecer un espacio de trabajo ágil y eficaz de colaboración con las asociaciones, y trasladar así al conjunto de la sociedad nuestro compromiso con la igualdad y nuestra determinación en la lucha contra la violencia hacia las mujeres. La violencia de género que azota nuestra sociedad no es un problema privado de las mujeres que lo padecen, sino que es problema de todos, y el apoyo a las víctimas debe ser nuestro compromiso. Afortunadamente, el agresor ya no cuenta con el silencio de familiares, vecinos, amigos o autoridades. Ya no cuentan con nuestra pasividad. La impunidad de los hogares ya no sirve de apoyo a los más fuertes. Ya no nos justificamos por no hacer nada porque cuando hay violencia contra una mujer, todos somos víctimas.