La Voz de Almeria

Opinión

José Luis Masegosa
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Acababa de escuchar la trágica noticia de un nuevo suicidio a consecuencia de un desahucio y entretenía la espera  de un encuentro de trabajo con un cantante andaluz , mientras meditaba acerca de la agresividad e intolerancia del sistema capitalista y de sus instrumentos.


La creación, la música, el pasado y el nuevo trabajo de  Valen, el cantautor que ha mezclado el flamenco y la canción de autor para cantar los versos de  los poetas andaluces más reconocidos, y que adquirió reconocida fama en América y en los hit  españoles de las últimas décadas del pasado siglo,  abrieron las puertas a un nuevo escenario, a un nuevo entorno, aunque no exento de ciertas similitudes con la actual situación socioeconómica.


Este nuevo encuentro me colocaba, una vez más, frente al autor de algunos de los temas que, entre otros, escribieron mi primera adolescencia y  descubrieron hasta mi primer amor, ese que dicen nunca se olvida. “La mano de Dios” era el titulo de aquel pegadizo tema del tardofranquismo cuya letra habla de una pareja, Luis y María, que encuentra un nuevo hogar  en el madrileño barrio del Pilar. Varias décadas después, he podido conocer la historia real que inspiró la canción.


Criados en escenarios sociales muy diferentes, los integrantes de esta pareja se conocieron  por azar en una romería de Extremadura. Tras varios meses de encuentros y desencuentros por las presiones ejercidas sobre ellos en sus diferentes entornos, el de él de una clase alta y dominante, y el de ella más de clase media baja,  por fin consiguieron entablar una apasionante relación gracias a la trastienda de una pequeña mercería que les prestaba una amiga . Una tarde de primavera el amor desbocado de Luis y María les llevó a una entrega mutua en un pajar abandonado del pueblo.


La ruta estaba ya trazada. Meses después se casaron en una ermita de la huerta valenciana,  con la notable ausencia de muchos de sus familiares. Luis había acabado su carrera  y aceptó el trabajo que le ofreció el tío de su mujer en una distribuidora de abonos agrícolas, pero su compañera comprendió que ni el sitio ni el lugar eran los adecuados para la realización de su compañero y decidió trasladarse a Madrid cuando ya tenían una pequeña. Pese a que la pareja contaba con una vivienda cedida por el tío valenciano de María, el traslado a la capital no fue nada fácil, más aún con una nueva hija.


Las discusiones por los problemas económicos se sucedían. Una de las hijas somatizaba las peleas de sus padres con crisis de ansiedad, y la situación desestabilizó a la pareja que,  tras un periodo de tiempo en Barcelona, acabó en América, en donde hizo aguas, aunque, finalmente, se impuso la reconciliación y el amor. Otras historias de dificultades económicas no han acabado como la de Luis y María, como la de “La mano de Dios”.


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