Libertad, muros y cañas
Nueva entrega de la serie de artículos ‘Oído en la taberna’
He oído estos días a muchos pensando en sus próximas salidas sin toque de queda o sus futuros viajes entre comunidades con la misma pasión y vehemencia que si hubiesen estado atrapados en la extinta República Democrática de Alemania o tras las alambradas de un campo de concentración nazi y celebrando su liberación por los aliados. La banalización de la palabra libertad por parte de nuestros políticos, asociándola a tomar unas cañas o las vacaciones en tu playa favorita, sumado a la caída de ese invisible muro que nos ha tenido metidos en casa o sin poder salir de nuestra ciudad desde hace más de un año me han recordado a uno de los discos de mi vida, The Wall.
Libertad es lo que yo sentí cuando un día, al volver de jugar al futbol con mis compañeros de cole, logré convencer a mi madre y que me diese las monedas que me faltaba para comprar el primer doble vinilo de mi exigua colección de entonces. Sin ducharme, sudoroso y lleno de barro, corrí hacia la tienda de discos ese viernes con la esperanza de no encontrarla cerrada y hacerme con esa obra cuya esquemática portada representaba los ladrillos del muro en el que casi todos nos vamos encerrando sin darnos cuenta.
Se dice, y estoy bastante de acuerdo, que fue el primer trabajo en solitario del entonces líder encubierto de Pink Floyd, Roger Waters, y en él vomitó sus obsesiones: niño huérfano de guerra con madre sobreprotectora, estricta educación británica o el aislamiento de la estrella de rock. El impresionante comienzo con In The Flesh, los míticos solos de guitarra de Gilmour en clásicos como Confortably Numb o Mother, cañonazos como Run Like Hell o Young Lust, pequeñas joyas acústicas como Nobody Home o ampulosas y operísticas piezas como The Trial, todas magistralmente ligadas, me impresionaron de adolescente y lo siguen haciendo décadas después. Paradójicamente, esa obra rompedora fue la que casi destruyó a la banda.
Más curioso aún es que el personaje protagonista del disco, Pink, construye y derriba tantos muros buscando esa ansiada libertad que acaba convirtiéndose en un líder fascista. Creo que no hay ejemplo más claro del rumbo que podría tomar nuestro país si no espabilamos.