Fanáticos
Fanáticos
La divulgación de un vídeo con claros propósitos ofensivos e injuriosos y la reaparición de las caricaturas, sobre el profeta del Islam, Muhammad (paz y las bendiciones para él) y no Mahoma, como de común se emplea, ha revivido la puesta en escena de las acciones salvajes, criminales de grupos fanatizados, que han respondido a sangre y fuego como era de esperar, según el guion al uso. Responden ante la burda y torpe provocación de un puñado de insolentes, que al amparo de una interpretación confusa y sesgada del derecho a la libertad de expresión, no optan por la información sino por una versión soez de la realidad, donde al parecer la calumnia y la ignominia, remplazan la veracidad y anulan la obligación de responsabilidad y la practica de la contención o autocensura imprescindible para el ejercicio de ese derecho.
La instalación en el fanatismo y sus principales postulados; como la negación de la racionalidad, el rechazo al reconocimiento de otras versiones e interpretaciones de las ideas o de los sentimientos religiosos, la exacerbación de la ignorancia, la marginación y atropello de los cauces para el diálogo y el entendimiento, se produce por la sensación de pertenencia grupal o sectaria y por una obsolescencia del pensamiento que discurre a un ritmo lastrado y pobre, frente al fluir de la vida siempre más acelerado y versátil.
Sin embargo y aunque no cabe parangón, entre el que está dispuesto a saltar el muro de una embajada para liquidar a un diplomático y el que se mofa con sarna de una creencia y se complace en ensuciarla o vilipendiarla aunque no le asista ni la razón y carezca de fundamentos, ambos practican una suerte de nihilismo totalitario y destructivo, que produce la ceguera de no reconocer los limites o las líneas rojas, que es conveniente no traspasar si nuestra opción es la convivencia y las que ignoramos si profesamos la fe de los incendiarios y el dogma de la discordia sanguinaria.
El Islam transciende del conjunto de las convicciones espirituales que lo conforman y siempre ha ejercido como elemento aglutinador de ambiciones civilizadoras, simbolizadas o reunidas casi todas ellas en la persona del Profeta, que es para el musulmán el ejemplo del hombre perfeccionado, como lo son todos los profetas que le precedieron desde Ibrahim (Abraham ) hasta Jesús. Las oscuras e ignominiosas tentaciones de lincharlo, en nada van a modificar su historia y el ejemplo vivo y perdurable de él ni el de todos ellos. De la misma forma que la irritación o el dolor que protagonizan esta nueva ofensa no puede exacerbarse con la violencia, la venganza y el crimen, que son acciones que siempre rehusó y detestaba. A cada uno le corresponde asumir en un acto de entera libertad las ideas o las creencias que considere y hacer que las suyas propias sean respetadas y las ajenas merezcan de la misma garantía, sobre este binomio construimos las sociedades, y a este valor o derecho fundamental, no dudo que los profetas hayan contribuido haciéndolo inherente a la vida, al nombre y esencial a la sociedad.