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Olimpiadas, retransmisiones deportivas e idioma

Olimpiadas, retransmisiones deportivas e idioma

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Decía Voltaire que los seres humanos decimos necedades y a fuerza de repetirlas acabamos creyéndolas. Algo parecido ocurre con los errores lingüísticos, que no son necedades pero sí yerros en que podemos persistir toda una vida.


Este verano se ha celebrado la Olimpiada de Londres. Magnífico espectáculo que ha hecho subir el número de horas que los españoles hemos consumido ante el televisor. Es curioso que en ese mundo de color, de maravillosas retransmisiones, tanto televisivas como radiofónicas, de imágenes de alta definición, de medios técnicos que nos hubieran asombrado hace apenas un lustro, el único invitado que seguía con sus andrajos bien visibles fuera el idioma.


Oí en más de una ocasión, en alguna retransmisión  radiofónica, el término preveyendo, tan extendido entre algunos hablantes como inexistente en español. El camino que ha seguido es sencillo: en nuestro idioma existen realmente dos verbos parecidos: proveer y prever; el primero, que significa abastecer, crea su gerundio proveyendo; el segundo, que expresa ver con anticipación, tiene su gerundio que es previendo. Solo la etimología popular mezcla ambos verbos e inventa uno inexistente: preveer, con el significado de prever, lo que justifica usos erróneos como preveen, en lugar del correcto prevén o preveyendo en lugar del único correcto previendo. Otros errores tienen su camino también en la confusión fonética, pues como ya dijimos hace poco los hablantes tendemos a asociar las palabras desconocidas con términos que ya nos ‘suenan de algo’; son muchos los que dicen destornillarse de risa, en lugar del correcto desternillarse. Y es que fonéticamente se piensa en tornillo y no, en ternilla. Igualmente podríamos decir  de ínsulas, en lugar del correcto ínfulas  o vagamundo cuando sustituye al término verdadero, que es  vagabundo (recordemos la terminación –bundo en palabras como meditabundo, nauseabundo o tremebundo). Luego son viejos errores cuyos caminos son conocidos, lo que no impide que caigamos en ellos una y otra vez.


Un comentarista hablaba de el mismo ansia del deportista, cuando debería haber dicho la misma ansia del deportista, pues ansia es femenino y solo cuando le precede inmediatamente el artículo determinante se sustituye la por el en sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica (se escriba a- o ha-). Para aclararlo algo más, hacemos dos consideraciones: a) el uso del artículo el ante nombres femeninos solo se da cuando aquel precede inmediatamente al sustantivo  (el ansia, el águila) pero no cuando entre ambos se interpone algún elemento (la misma ansia, como también se debe decir la veloz águila); b) tal cambio de género solo es procedente con los artículos la (el) y una (un) pero no con los adjetivos demostrativos (este), posesivos (nuestro), etc.; así debemos decir esta ansia; nuestra ansia y no: este ansia o nuestro ansia.


Escuché, al menos en dos ocasiones, a grosso modo en lugar del correcto grosso modo. Ahora bien, si tuviéramos que establecer un número uno entre los errores ya tradicionales, por la abundancia de su uso entre periodistas más jóvenes y menos jóvenes, este sería el detrás nuestro, delante nuestro, detrás suya o delante suya, cuando lo único correcto es detrás de nosotros, delante de nosotros, detrás de él/ella o delante de él/ella; esto es así porque nuestro es un adjetivo posesivo y solo puede ir con un sustantivo: casa nuestra,  cortijo nuestro pero no detrás de  un adverbio.


Finalmente, he oído varias veces el vocablo recordman (tamb

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