De la plática sobre las medias calzas y las calzas enteras
Don Quijote y Sancho, tras dos horas de camino, entraron en un hermoso bosque, tan apetecible que los convidó a pasar allí un tiempo de descanso. Y en ello estaban cuando Sancho, al agacharse para ver la pata de su jumento, oyó un extraño ruido procedente de su media calza. Don Quijote, que lo había oído, díjole a su escudero:
—Sancho, ya pienso que el ruido ese ha venido de hasta una docena de puntos de tu media calza, ya tan deteriorada por el tiempo. No es producto, como me había temido en principio, de otra cosa que poco hubiera dicho de la urbanidad y el comportamiento propios de un futuro gobernador.
—Señor, mucho me aflige el ver esta mi media calza en tal estado y no sé cómo dar remedio a este desatino ni cómo ponerme para encubrirlo, que no solo no es propio de un futuro gobernador, sino ni siquiera del escudero de tal señor.
—En efeto –respondió don Quijote–, así es. Nunca leí que un ayudante de Amadís o de Esplandián o de Lisuarte de Grecia o de cualquier otro caballero andante anduviere con tal prenda rota. Aunque sí leí la costumbre de que los caballeros se las regalasen, ya envejecidas, a sus escuderos, y así lo haré yo tan presto se me permita.
—Tengo entendido –dijo Sancho, algo pensativo– que hay diversos tipos de calzas y las que unos visten no las visten otros.
—Mira Sancho, cada cual va como la fortuna hizo que fuere. Muchos villanos y escuderos, que no todos, os podéis permitir usar la media calza, prenda que llega, como bien sabes, hasta medio muslo. En cambio, nosotros, los hidalgos, al igual que la gente principal, empleamos la calza entera, que cubre los muslos y piernas y la atacamos al jubón , de origen francés, por medio de cintas o agujetas . De un hombre vestido sólo con calzas y jubón se dice que está desnudo. Solo se está vestido si llevare, como poco, bajo las calzas los escarpines y bajo el jubón la camisa. Los hidalgos no aprendemos oficio alguno y pasamos muchas necesidades, pero nunca dejaremos de vestir guantes, camisas, escarpines y calzas enteras, aunque estén rotos y descosidos.
—Cuando sea gobernador –contestó Sancho–, cambiaré unas calzas por otras.
—Ansí será –respondió don Quijote–. Entonces tu vestido será calza entera y la acompañarás de herreruelo un poco más largo; pero nunca, amigo Sancho, utilices greguescos , pues de sobra sabemos los hidalgos que su uso no corresponde a caballeros ni a gobernadores.
Tras oír lo dicho por su amo, a Sancho se le mudó la color del rostro al divisar a dos hombres que se acercaban. Y muy irritado, dijo así:
—Señor don Quijote, no hay camino tan plano… que no tenga algún tropezón o barranco. Digo esto porque al roto de mi medias calzas se suma la llegada de estos dos hombres. Y así de esta guisa han de verme sin ser gente conocida.
Una vez llegados, ambos saludaron con afecto a don Quijote, con quien habían coincidido, en más de una ocasión, en la casa de Bartolomé Carrasco. Eran compañeros de su hijo Sansón y, como este, habían conseguido titularse bachilleres en Salamanca. Sus nombres eran Santiago Martínez de las Cabrejas y Juan Alfonso Rojas de la Peña. Tras los saludos y ante el nerviosismo de Sancho, que no sabía cómo sentarse ni como esconder su muslo blanquecino y orondo, viose obligado don Quijote a contar la desventura de su escudero. Tras oír la circunstancia, fue el bachiller Juan Alfonso Rojas quien tómó la palabra:
—Sancho, no has de preocuparte de tal nimiedad, pues nada de mal hay en ello. Es más, has de saber que entre los estudiantes las calzas enteras, las que van hasta la cintura, se han empezado a dividir en dos partes; una, que cubre el abdomen y parte de los muslos y que se sigue denominando calza, con su aumentativo calzones o su diminutivo calzoncillos, otra, que cubre los pies y las pantorrillas, que se denomina calcetas o medias calzas y, abreviadamente, medias. Y debajo van los escarpines.
Ni don Quijote ni Sancho entendieron mucho aquellos cambios a los que se refería el bachiller, pero fue el caballero quien dijo así:
—Tengo entendido, por los libros de caballería, que en la Edad Media el uso de calzas estaba restringido a los nobles y caballeros, en tanto los criados y campesino iban con sayo solo, largo hasta la rodilla.
—Lleva razón vuestra merced, aunque cierto es que tal costumbre llega hasta nuestros tiempos en mucha gente de baja estirpe –respondió el bachiller Rojas–. Bien es verdad que cada día tal hecho se extiende menos, pero tardará en desaparecer.
Después de estas razones, todos juntos comieron el buen tocino veteado que llevaba el otro bachiller, Santiago Martínez, tocino que acompañaron de unos cuantos trozos de pan y dos cebollas. Tras hacer la siesta, continuó la plática. Lo allí hablado fue lo que se dirá en el siguiente capítulo.
El
jubón
es una prenda de vestir ajustada, con o sin mangas, que cubre el tronco del cuerpo hasta la cintura.
La
agujeta
es una correa o cinta que servía para sujetar algunas prendas de vestir.
Los
escarpines
son calcetines.
El
herreruelo
es una capa algo larga, sin capucha.
Los
greguescos
son calzones muy anchos.