Federico Utrera, entre leones
Federico Utrera, entre leones
Al poco de comenzar la reunión del Consejo de Ministros, el presidente, Felipe González, propone la concesión de la medalla de las Bellas Artes a Rocío Jurado. Busca el asentimiento del gabinete. Los señores ministros saben que uno de ellos, Josep Borrell, es objeto de cuchicheos: se dice que es homosexual y que mantiene una relación con Ortega Cano. El único que toma la palabra es precisamente catalán. Silencio expectante. “Estoy de acuerdo con la propuesta”, dice, “aunque… (pausa)… Rocío me haya quitado el novio”. Estupor primero, desconcierto después. Carcajadas finalmente. El titular de Transportes quiso, de esta singular manera, desmentir lo que se decía sobre su orientación sexual.
Ésta es una de las mil y un anécdotas y curiosidades que Federico Utrera (Almería, 1963) nos cuenta en su libro “Los leones del Congreso” (La Esfera de los Libros, Madrid, 2012). Bajo el ilustrativo subtítulo de “Peleas, amores, pactos, amistades y vicios de los diputados: una crónica parlamentaria”, Utrera se sumerge en las entrañas de la cotidianidad del Parlamento español para mostrarnos escenas y situaciones que casi nadie ha visto ni conoce. Lo hace con desparpajo, con sencillez, pero, a la vez, con esmero y detalle, a veces rayando la insolencia, aunque siempre sin llegar al límite.
No presta Federico mucha atención a las cuitas domésticas de los parlamentarios almerienses, y uno no sabe si eso es bueno o malo. El párrafo más extenso se lo dedica al exconcejal capitalino Juan Antonio Bisbal, de quien dice que ostentaba como único mérito el parentesco con David. Bueno debe estar Bisbal. El tito, digo, no el sobrino, que éste otras ocupaciones tiene.