La Voz de Almeria

Opinión

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Según la versión de Virgilio Castilla, la causa de sus males tiene su origen en un bocadillo de  mantequilla de los que nos daban en el comedor de nuestro colegio, en la mantequilla había nacido un hongo que infectó su cerebro. Aquel mismo día se enfermó y tuvo mucha fiebre por la noche y unos sueños raros. Soñó que él era otro, y el otro y él, eran dos en un solo cuerpo; el suyo.
Desde entonces vive con esta manía de repetir todas las cosas. Lavarse las manos, secarlas y volvérselas a lavar, sí abre una puerta la cierra y la vuelve abrir, para otra  vez cerrarla o sentarse a comer  y poner dos platos de lentejas, dos ensaladas, dos naranjas, llega a los postres y empieza de nuevo. Cuando vamos a un restaurante, la gente nos mira y los camareros se quedan extrañados, pero como él paga ración doble, callan y no dicen nada, termina pensando  que es un chiflado.
Hace unos cuantos años, fuimos a Benidorm a veranear y a intentar ligar, pues un amigo nos dijo que allí era fácil. Compartimos habitación en un hostal de mala muerte, yo no podía creérmelo, Virgilio dormía y cuando pasaban unas cuatro horas se levantaba, entonces   cambiaba  su pijama y volvía a la cama para seguir durmiendo. Una mañana conoció a una chica inglesa en la playa, él la invitó al cine de verano, daban una de Bruce Lee, que son las que más le gustan a mi amigo, pero cuando terminó la sesión quiso quedarse al siguiente pase, ella no comprendió su rareza y lo dejó plantado.
Su locura ya no me entristece como al principio, ahora hasta lo entiendo, aunque lo del hongo y la intoxicación no acaba de convencerme. A Virgilio Castilla, El Dos, como lo llaman en el barrio, aquel hongo maligno lo marcó y no sólo quedó atrapado por la duplicidad, también le sobrevino la secuela de la iluminación. Los iluminados, ven la realidad oculta, aquella que habrá de ser pero todavía no ha llegado, así que tienen un instinto especial para anticipar los acontecimientos y adelantarlos en el tiempo.
Como le gusta ver el telediario en mi casa y él no se conforma con uno, siempre tengo a El Dos a las tres, también a la nueve. Cuando termina el informativo, me mira sin verme con sus ojos de agua turbia, que son como los ojos de los muertos y dice: – Que mala cara tienen los ministros y que demacrados están, se nota que sufren. Se levanta y sin decir ni adiós, va hacia la puerta, la abre la vuelve a cerrar y otra vez la vuelve abrir, al final se va y la deja abierta, sino se pasaría así toda la noche.
Voy hasta la entrada, cierro la puerta y la vuelvo abrir otra vez, ahora la cierro. ¡Maldita sea! Estoy contagiado de sus puñeteras manías, pienso en el comentario que acaba de hacer Virgilio, es verdad tiene toda la razón. El señor Guindos parece que pasa las noches viendo películas de miedo, Ana Mato ha perdido el bronceado rayos uva y ahora una ojeras color violeta sucio, la afean con lo mona que ella es. Montoro, el de Hacienda, ha encogido, son las cuentas pueden llegar a succionarte a lo jíbaro, si los resultados no cuadran, empiezas a perder materia  y a reducirte.


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