Educación sin distinción de clases
Educación sin distinción de clases
Recuerdo cuando jugábamos en la calle a correr hasta una improvisada meta. Discutíamos si alguien estaba un milímetro más adelantado al iniciar la carrera, pero también teníamos la capacidad de decir aquello de "te dejo ventaja" cuando veías que el contrincante era algo menor o menos veloz. Se trataba de que todo el mundo comenzara con las mismas posibilidades de ganar.
Esta regla básica de igualdad de oportunidades, de solidaridad para con quienes tienen distintos ritmos de aprendizaje, es la que debe regir nuestro sistema educativo, combinándola con el esfuerzo y las altas capacidades.
La educación hoy desempeña un papel crucial de transmisión de valores y conocimientos para participar activamente en el desarrollo y en los cambios sociales, culturales, tecnológicos y económicos, y al Estado le compete garantizar la igualdad de oportunidades como base de la justicia social.
Esto se trunca si se da prioridad al expediente para otorgar una beca, frente a la escasez de recursos económicos, se encarecen las matrículas universitarias, entre un 66 % y un 200 %, o se eliminan las becas para estudiar idiomas en el extranjero, y la educación vuelve a ser así un privilegio para quienes más tienen.
Sin duda, la atención personalizada con la que atender a las capacidades individuales se merma cuando aumentamos la ratio, cuando no se aumenta el número de profesores para la atención a la diversidad o cuando no reconducimos al alumnado descolgado tempranamente del sistema educativo, porque la formación es la base de una sociedad más justa y con proyección de futuro.
Ya lo dijo Confucio "Donde hay educación no hay distinción de clases", no permitamos que nos quiten la educación excusándose en la crisis, cuando en realidad se trata de pura y dura ideología.