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Opinión

El poder de los libros

El poder de los libros

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El mundo hispano habla hoy con voz cervantina. Más allá de la efeméride, el libro es el protagonista por excelencia de la jornada.El mejor instrumento que hayan parido las civilizaciones que nos han precedido. Un elemento aparentemente inerte, pero vivo y activo hasta límites ignorados. Si el poeta y profesor Georges Barker hubiera sospechado de las consecuencias directas que tendría la publicación de su poemario, tal vez lo hubiese puesto a la venta al público muchos años antes.


“Estoy en una esquina de Monterrey, de pie, esperando que llegue el autocar, con todos los músculos de mi voluntad reteniendo el terror de afrontar lo que más deseo en el mundo. La aprensión y la tarde de verano me resecan los labios, que humedezco cada diez minutos, a lo largo de las cinco horas de espera..”. Así comienza la novela autobiográfica de Elizabeth Smart “Junto a los ríos de Babilonia nos sentamos y lloramos, recordando Sión”, según el titulo original, que, sin embargo, en las tres ediciones publicadas ha salido bajo la nominación “En Grand Central Station me senté y lloré”. Se trata de una obra publicada por primera vez en 1945 y traducida a numerosos idiomas, que encierra en sí misma la pasión de la autora por un hombre casado, Barker, de quien se enamoraría incluso antes de conocerlo personalmente. Con tan solo veinticuatro años, la autora-protagonista de la obra, Elizabeth Smart, nacida en el seno de una de las familias más conocidas de Otawa, en Canadá, decide entrar en una librería de Londres, ciudad en la que cursa estudios de pintura, teatro y piano, y adquiere un libro de poemas de Barker. Nada más ojearlo decidió que el autor del poemario era el hombre de su vida, pese a que no lo conocía personalmente. El empeño y el deseo pudieron más que las circunstancias personales de ambos protagonistas y que la distancia de miles de kilómetros que les separaban. Tres años después Elizabeth conoce a Barker, quien no pudo evitar la irrefutable pasión y el amor desbordado que la autora canadiense sentía por él y que ésta narra con un prodigioso lenguaje en la obra que escribiría años después. La pareja tuvo varios hijos, aunque también sufrió una tormentosa relación.


Elizabeth Smart murió en 1986, tras concluir otros trabajos y legar una de las historias más bellas y emotivas que la Literatura haya dado, pero con su obra la autora también ha dejado constancia del ilimitado poder de los libros, un poder que cada 23 de abril se afianza con nuevos y consolidados argumentos, como el de esta novela en la que, una vez más, la realidad superó a la ficción.


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