La Voz de Almeria

Opinión

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A estas alturas albergo razonables dudas acerca de si la fastidiosa manía del zapaterismo ideológico y su guarnición mediática por prescribir un lenguaje presuntamente no sexista obedecía a la intención real de favorecer a las mujeres o simplemente formaba parte de esa campaña de revolcón social en la que tanto se distinguieron las bibianas y pajines de cuando antes. Y lo digo porque nunca pude entender que el modo de favorecer la necesaria igualdad y eliminar las discriminaciones fuera imponer un metalenguaje identificativo trufado de ocurrencias y giros absurdos. De hecho, los que en más de una ocasión mostramos nuestro escepticismo y rechazo al manual de estilo decretado por los miembros y miembras de ese sanedrín políticamente correcto, hemos sido tildados de todo menos de bonicos y bonicas. Por eso, saluda uno con satisfacción el interesante -quizás algo demorado- informe "Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer", que acaba de aprobar la Real Academia Española de la Lengua y en el que se critican las directrices contenidas en varias guías sobre lenguaje pluscuamperfecto (a mi me han enviado amablemente alguna, supongo que con la intención de redimirme) porque, "si se aplicara estrictamente cuanto dicen, -asegura- no se podría hablar." Pero que las bibianas y las pajines de turno se empeñen en seguir abonadas al todos-y-todas no nos debe sorprender. Lo que me sigue haciendo daño al oído es escuchar a personas con criterio y formación, doblegadas ante estas ocurrencias estilísticas. A ver cuánto tardan los cagadiccionarios de turno en salir llamando "machistas" a los académicos.

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