Genes y bellas durmientes
Los descubrimientos de Mendel sufrieron el síndrome de la Bella Durmiente. Este síndrome se caracteriza porque el paciente, como la protagonista del cuento popularizado por la factoría Disney, es capaz de dormir durante larguísimos periodos de tiempo. Y fue exactamente eso lo que sucedió con la investigación del padre de la Genética. Cuando Mendel publicó las conclusiones de su trabajo, en 1866, fueron muy pocos los que le dedicaron la atención que merecía. De hecho, podría decirse que su trabajo pasó prácticamente desapercibido en un primer momento. Pero casi 40 años después, como el príncipe a la princesa del cuento, la Ciencia concedió una segunda oportunidad a este trabajo. Varios científicos redescubrieron las leyes que había establecido Mendel. Uno de ellos, el holandés Hugo de Vries, incluso se atrevió a ponerle nombre a aquello a lo que Mendel había llamado simplemente factores, y que eran los responsables de transmitir los caracteres de generación en generación. De Vries los llamó pangenes.
Aún tuvieron que pasar otros diez años hasta que el botánico Wilhelm Johannsen modificara esta palabreja, dando lugar al nacimiento de otra que ha llegado hasta nuestros días: gen. Desde ese momento, el concepto ha ido variando conforme se ha ido adquiriendo mayor conocimiento sobre su estructura, funcionamiento y regulación, pero, en esencia, las definiciones no han hecho otra cosa que pulir aquella primera de hace ya más de un siglo.
Hoy en día, sin entrar demasiado en criterios academicistas, aceptamos que un gen no es más que un fragmento de ADN que almacena y transmite información a la descendencia, y su producto final cumple una misión concreta. Así, podemos concluir que un gen es la unidad fundamental de la herencia. El principal destino final de un gen es llegar a convertirse en proteína, mediante el uso de una serie de reglas impuestas por el código genético, y después de algunos pasos que tienen lugar en el interior de las células.
En cada una de nuestras células, los genes se localizan en un pequeño compartimento llamado núcleo, y se organizan en una estructura relativamente compleja conocida como cromosoma. En los humanos existen un total de 23 pares cromosomas, y al conjunto de éstos es a lo que llamamos genoma. En los 23 pares de cromosomas contenidos en nuestro genoma, cada ser humano tiene unos 20.500 genes que son los que, en cierta manera, nos definen a cada uno.
Mendel no fue capaz de imaginar la transcendencia de su trabajo. Probablemente, murió convencido de que el alcance de su investigación era limitado. Por suerte, la Ciencia se construye y se renueva con cada proyecto, con cada científico y con cada ilusión.