Desinstitucionalización
Desinstitucionalización
Dice Enrique del Risco en su blog dirigido al pueblo cubano que en la película Cadena perpetua los presos discuten la -para muchos incomprensible- violenta resistencia del bibliotecario Brooks a ser puesto en libertad tras pasar medio siglo en prisión. Es entonces que Red (Morgan Freeman) define su concepto de estar "institucionalizado", un concepto muy útil para explicar cualquier sistema diseñado para quebrar la voluntad de las personas, afirma. "No hay nada malo con Brooks. Solo está institucionalizado, eso es todo. […] El hombre ha estado aquí cincuenta años Heywwod ¡Cincuenta años! Este lugar es todo lo que conoce. Aquí, él es un hombre importante, un hombre educado. Un bibliotecario. Afuera no es más que un viejo desgastado con artritis en ambas manos. No podría siquiera conseguir un carnet de biblioteca si lo intentara. […] Estos muros son curiosos. Al principio uno los odia, luego se acostumbra a ellos. Entonces el tiempo pasa y terminas dependiendo de ellos. Eso es estar "institucionalizado". […] Ellos te envían aquí de por vida y eso es justo lo que toman de ti". El citado es, en buena medida, un ejemplo válido para explicar lo que ha ocurrido en Andalucía en los últimos treinta años: se nos ha procurado la institucionalización, y deviene vertiginosa la nueva situación que acontece con el adelgazamiento del presupuesto de lo público. Organizaciones varias y situaciones particulares que, por mor de la afinidad, han sido institucionalizadas. Se han creado miles de empresas fuera del control del Parlamento para manejar el dinero público al libre albedrío de los poderosos enquistados en el poder institucional durante nuestro periodo democrático en Andalucía. Todo este proceso nos ha situado bajo el control de los actores que, anchos y henchidos, han vendido al aparato sus logros de manual: ayuda por voto. Claro que, ahora que las verdades aparecen desnudas y resurgen cual mancha de aceite, dicen muchos de los que han venido dirigiendo algunas de esas entidades: qué va a ser de nosotros sin las ayudas y aportaciones económicas que nos hacían nuestros responsables en las Administraciones Públicas; qué será sin nuestro sustento; qué será si se van los nuestros. Otros dan también sus nombres. La crisis económica ha invitado a decidir sin inyecciones nominativas a fondo perdido, a enfrentarse a los problemas con la capacidad propia, a buscar soluciones y gastar con cautela, a planificar y a provisionar. Cuestiones todas ellas que llevan mucho tiempo haciendo las familias y las organizaciones y empresas que no han buscado el refugio de la contraprestación. Es a eso también a lo que tendrán que ajustarse los que vivían únicamente al sol de las interesadas subvenciones. Se tambalea la que ha venido siendo la garantía de la continuidad del poder establecido, se tambalea el clientelismo que vivía del dinero público, en tantos casos sin control ni seguimiento, como parece quedar demostrado por las informaciones que diariamente vierten los medios de comunicación. Esa actitud que no permitía un cambio social y político, ahora parece ahogar a muchos, pues el maná del control social parece extinguirse. Habrá tensiones y lucha para que nada cambie, pero tras la desbandada y la búsqueda de refugio vendrán las soluciones. El problema es conocido: no hay recursos suficientes y procede, por tanto, desintitucionalizar a la sociedad. ¿Cuanto tiempo llevará la pedagogía sobre esto? Cuanto más se tarde en la adaptación y en la búsqueda de las soluciones, será peor. Las familias han aprendido a recortar lo superfluo, y están aprendiendo a ser solidarias para poder sobrevivir. Hay quienes siguen haciendo creer a muchas organizaciones que las ayudas prometidas volverán a llegar, aunque las partidas estén infladas, aunque en los presupuestos no tengan cabida. Con todo, son muchas las empresas y organizaciones que han sabido ser independientes del poder institucional, que han huído de las subvenciones con contraprestaciones oscuras y del control político, aquellas cuya cultura les está permitiendo sobrevivir y crecer, porque sigu