Relatos de la historia y la sociedad (II)
Ees objetivo de la historia transmitir la realidad de la vida, de las personas del pasado y del presente, los acontecimientos que ayudan a comprender nuestros orígenes, cómo hemos sido, cómo somos y lo que hicieron nuestros antepasados. Pasado, presente y futuro, juntos en la cadena de la historia.
El pasado ilumina la comprensión del futuro; el futuro arroja luz sobre el pasado. La historia adquiere significado y objetividad, cuando establece una relación coherente entre el pasado y el futuro.
El progreso en la historia se logra por el conducto de la interdependencia y la interacción de hechos y valores. La verdad histórica se haya entre estos dos polos, en equilibrio entre el hecho y la interpretación.
Nada es perenne en el mundo, ni en el hombre, ni en su historia. El individuo y la sociedad, son inseparables y complementarios. No hay verdades absolutas ni leyes inmutables que puedan dar cuenta de la Historia.
La historia es impredecible; el futuro no está escrito, no obstante el futuro puede darnos claves por interpretación del pasado; del pasado se aprende. El pasado forma parte del presente y el presente forma parte del futuro. La ley de la Historia es ineluctable: los decretos providenciales son inescrutables, están por encima de nuestra razón. No hay filosofía de la historia, que pueda trazar el destino del futuro de la humanidad. Pueblo que no conoce su historia es pueblo condenado a su muerte, advertía Menéndez Pelayo. Escribía Huxley, que tal vez sea porque no se aprendía las lecciones de la historia. Solo se puede saber lo que somos, si se determina como hemos llegado a ser lo que somos, escribía Weber, con un análisis del pasado.
La filosofía de la Historia plantea cuestiones trascendentales, sobre quiénes son los que mueven los pueblos y las causas y las ideas que los motivan. Oakesshott advierte que navegamos por un mar sin fin y sin fondo, donde no hay punto de partida, ni lugar concertado de destino. Sobre la concepción de la Historia, como plan providencial, San Agustín formulo el concepto del plan providencial: la lucha entre la ciudad celestial y la ciudad terrenal; lucha que termina con el triunfo de la ciudad celestial. El hombre religioso, cree en él y en su perfección, pero sabe que no puede comprender los caminos por los que se consigue.
Toda época es una revelación que está en inmediata relación con Dios, escribía el prestigioso historiador Ranke. El concepto romántico de la historia, como orden providencial referido por algunos historicistas alemanes. Por otro lado, el marxismo considera a la Historia como un proceso unilineal y progresivo, que “llegara, a través de la lucha de clases, a la sociedad sin clases, que sería la sociedad perfecta. De ella saldría el modo definitivo y perfecto del género humano”.
El progreso en los asuntos humanos, en la ciencia, en la historia, en la sociedad, ha provenido de la disposición de los seres humanos, librar en nombre de la razón batallas fundamentales, en un mundo con dinamismo persistente frente a las ideas radicales con matices revolucionarios, más radicalmente que en cualquier periodo de los últimos 4 siglos.
Desde mediados de siglo XX y los actuales del XXI, se producen un proceso de cambio profundos en el mundo moderno, resultado de los espectaculares inventos científicos, revoluciones en la industria y ámbito social. El francés Say señala que “la historia es útil, no solo porque leemos el pasado, cuanto por lo que releemos el futuro”.
En la actualidad estamos en un momento histórico crucial conflictivo en el ámbito nacional español, europeo y mundial. Partidos en discordia por las ideas. Luchas entre la razón, el odio y el fanatismo. “Europa se ha quedado sin moral, consecuencia de su conducta espiritual”, escribía Ortega en 1930.
El Papa Francisco, el Papa de la misericordia, la reconciliación y el amor fraternal, advierte de la enfermedad de nuestro tiempo: el nihilismo y el relativismo, negación de los principios morales, sociales y de los politicismos absolutistas totalitarios