La Voz de Almeria

Opinión

Publicado por

Creado:

Actualizado:

Sentado en su columpio hecho de cuerdas trenzadas a mano por su padre, colgado del dintel de la puerta del molino, oía cómo sus tíos decían que iban a doblar el pie. Entre mecidas se imaginaba qué podía ser aquello y los veía andando con un pie metido para dentro, cojeando igual que su padre, también asociaba el término con la imagen de su madre cuando le daba al pedal en la máquina de coser figurándose que aquel pedaleo también se le podía llamar doblar el pie. Era tal su convencimiento de que “doblar el pie” consistía en alguna de esas acciones que nunca se preocupó en preguntar, incluso sentía curiosidad por verlos y por imitarlos, sería como un juego. 
Conforme fue creciendo se le hacía cada vez más imposible asociar sus imaginaciones con la expresión, pero ya le daba vergüenza preguntar porque se suponía que, criado entre ellos en la casa de sus “papicas”, debía de saberlo, hasta que con 10 ó 12 años se decidió y terminó haciendo lo que debía haber hecho en un principio, preguntárselo a su madre o a ellos, pero descartó esta segunda opción por miedo al cachondeo de sus tíos. 
A su madre, sabia como todas las madres, le dio la risa cariñosa cuando escuchó su pregunta y esa misma tarde cuando sus tíos ya se habían ido a la panadería lo llevó allí y les dijo a sus hermanos, “enseñadle al niño qué es doblar el pie, que el angelico mío todavía no lo sabe”. Siempre le había llamado la atención el porqué había un recipiente de madera con masa junto al horno y por qué al lado de la puerta del mismo había un grifo del que solo salía agua caliente que su madre o sus tías usaban para los quehaceres domésticos. Esa tarde entendió y aprendió cuál era la utilidad de ambas cosas. 
Su tío cogió el recipiente de madera y volcó su contenido en la amasadora, a continuación llenó varios cubos de agua caliente que tomó del grifo que salía desde el depósito empotrado en la pared junto al horno, en los cuales disolvió las pastillas de levadura “cinta roja”, añadió varios vertedores de sal, también disuelta en el agua caliente y un par de sacos de 50 kilos de harina cada uno, que distribuyó en la amasadora, para terminar, la puso en marcha.
- “Esto es doblar el pie, niño”. 
Resultó que diariamente, después de haber hecho la masa del pan que iban a hornear, dejaban una pequeña parte de ella en el recipiente de madera junto al lumbrero del horno, porque debía de permanecer en sitio caliente hasta el día siguiente para hacer de pie a la nueva masa.
Una vez hecha la masa se sacaba de la amasadora y se echaba en la artesa donde se dejaba reposar varias horas hasta que doblara su tamaño. Después, sus tíos, de madrugada, con la precisión que da el hábito de hacer lo mismo tantos años, iban tomando trozos de la masa que pesaban sin tener que añadir ni quitar nada a lo cortado, moldeaban los panes a mano, uno a uno, los colocaban sobre las tablas rectangulares cubiertas con una sábana adaptada a su forma, donde continuaban un tiempo más su reposo hasta el momento de meterlos en el horno, previamente caldeado, a cocer. 
De esta tarea se encargaba el menor de los hermanos de su madre, con una destreza y rapidez envidiable que dejaba con la boca abierta al que lo mirara, cogía pan a pan, los ponía en la pala de madera con capacidad para hasta cuatro hogazas, trazaba con su pequeña navaja los cuatro cortes a cada uno y los metía hasta que llenaba todo el suelo del horno. Cuando llegaba la mañana y el pueblo empezaba a desperezarse, toda la calle del arco y la plaza de abastos olían a pan nuevo. Aún lo huelo sin necesidad de que nada provoque el recuerdo de su olor que añoro, como a todos los que lo hacían posible.
- Artesa (recipiente), que en panadería es una especie de gran cajón, por lo común de madera, en el que antiguamente se amasaba el pan, después se utilizaba para reposar la masa.
- Lumbrero, sitio donde se hacia la lumbre para calentar el horno, colocado debajo de este tenía dos conductos, uno de chimenea al exterior para la salida de los humos, y otro de comunicación interior con el horno por el que solo llegaba el calor y de esta manera se calentaba o “caldeaba”.
- Vertedor, cogedor de hojalata para despachar ciertas mercancías.


tracking