Programas
Programas
Un programa electoral no es normalmente una novela de esas que la empiezas y te la lees de un tirón. Es algo más aburrido, las cosas como sean. Y luego tampoco hay que perder de vista el tiempo disponible del presunto lector. Los trabajadores por cuenta ajena suelen leer muy poco. No es culpa de ellos, por supuesto, la falta de ocio es una consecuencia más de la achuchada vida que llevan. En este plan, yo no creo que haya muchos trabajadores(y menos aún gente desempleada) que se lean las doscientas y pico páginas del programa electoral del PP. Detrás de una fachada de buenas intenciones (salir de la crisis, dar empleo, lograr el Estado del Bienestar) lo se le está diciendo al currante con un lenguaje bastante críptico es otra cosa bien distinta. En líneas generales podríamos decir que queda entronizado lo privado frente a lo público. Empresas públicas incluso las menos deficitarias pueden venderse. Dicen que no tocarán la escuela pública ni la sanidad pero esto no es verdad allí donde gobiernan. No subirán los impuestos especialmente a las grandes fortunas y el salario cuanto más flexible sea tanto mejor para el empresario a quien animan con toda clase de subvenciones. En medio de este panorama me pregunto dónde puede estar la felicidad del español medio. Sin duda cinco millones de parados azuzados día y noche por una prensa nada independiente hace tambalear las fuertes convicciones ideológicas de los económicamente débiles, pero ¿han pensado bien lo que se les dice desde el programa? Liberalismo, ambigüedad calculada, nostalgia de la burbuja inmobiliaria. Puedo entender que el programa socialista ya sea un sarcasmo después de tantos años de despilfarro e improvisación, aunque tampoco el aznarismo es la revolución.