La Voz de Almeria

Opinión

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La presidenta de la Sección Cuarta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, Angela Murillo, ha decidido retirarse del tribunal que juzga a cuatro asesinos etarras después de que un micrófono captase un comentario suyo llamando "cabrones" a los terroristas. El comentario fue dirigido a otro magistrado de modo privado, después de haber escuchado el desgarrador testimonio de la viuda de una de las víctimas de los cuatro encausados, que asistieron al terrible relato de cómo había encontrado el cadáver de su marido entre muestras de desenfado y grandes risas. "Y encima se ríen los cabrones". Esa fue la frase textual de la juez, recogida por un micrófono que no debía haber estado abierto. La señora Murillo ha decidido apartarse del caso para no perjudicar el procedimiento, aunque ha dicho que sus palabras "no son más que la realidad." Una pálida definición de la calaña de esos cuatro asesinos, si me permiten. No dudo de que pueda haber voces o sensibilidades judiciales que, desde el amaneramiento procesal más pluscuamperfecto, consideren adecuado o incluso muy limitado el gesto de retirarse del caso por parte de la juez, a la que tal vez se debiera apartar de la carrera judicial por haberse permitido llamar "cabrones" a unos tíos que se estaban partiendo de risa mientras una pobre mujer relataba cómo había encontrado el cuerpo destrozado de su marido, al que acababan de volar el coche. Valga el apunte a todos estos rapsodas del tiempo nuevo y del canto general a la paz decretada por los colegas de los risueños. Y es que llamar cabrones a esta gente no es una opinión; es una sencilla definición.

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