Adiós a la pionera belga de Puerto Rey
Ha fallecido con casi 100 años Lucía Lemaitre, fundadora de una de las primeras urbanizaciones de la provincia almeriense y madre del batería de Los Puntos

Fundadores de Puerto Rey León Van Rentergem y Lucía Lemaitre
Fue, sin ella barruntarlo entonces, una de las pioneras del turismo en la playa de Vera. Lucía Lemaitre ha fallecido con 99 años tras casi toda una vida alumbrando su casita de Vera, donde llegó desde Bélgica hace ahora casi 60 años. Allí en ese chalet veraniego llamado El Timón que ella junto a su familia convirtió en casa permanente, Lucía ha pasado los últimos años de su vida mirando al horizonte marino, asistiendo al devenir del mundo, cumpliendo años con su marido- que se fue antes- y sus hijos. Lucía fue siempre santo y seña de Puerto Rey, una referencia, un ancla de esa legendaria urbanización veratense en la que los nuevos residentes que iban llegando en oleadas se apoyaban para aprender a vivir: para saber dónde comprar la verdura, para aprender cómo hacerse inmune a los inclementes mosquitos de esa zona de juncos y cañizos, para enterarse dónde se podía encontrar un buen fontanero. Lucía, junto a su marido Leon Van Retergem, auxiliaron durante décadas a extranjeros y nacionales que habían decidido hacer de Puerto Rey su nuevo hogar. Fueron esos buenos anfitriones que enseñaron cómo había que vivir en el Sureste de España a gentes que venían de otros latitudes; y enseñaban a fuerza de haber aprendido ellos mismos a fuerza de ensayo/error, como esos exploradores que abren caminos, que despejan manglares y consiguen un camino más fácil a los que vienen después, a toda esa pequeña ciudad de vacaciones que ha venido después. Si Puerto Rey es hoy lo que es -un centro turístico de primer nivel, proporcionado, sin desmesuras, con equipamientos deportivos envidiables- fue gracias al espíritu aventurero de este matrimonio belga que eligieron echar raíces en el Levante almeriense.
Todo se inició en 1967, cuando León Van Rentergem, un ingeniero civil belga, de la ciudad de Gante, que había estado dirigiendo minas de diamantes en el Congo, vio un anuncio en un periódico de Bruselas en el que la promotora necesitaba un técnico habituado a climas duros y él ni se lo pensó. Cogió cuatro bártulos, a su mujer Lucía Lemaitre, y a sus dos hijos pequeños y desembarcó en la urbanización en la que aún estaba todo por hacer. Los planes de la promotora habían sufrido un serio revés propagandístico con el accidente de las bombas atómicas de Palomares y trataban de remontar las ventas de apartamentos. Querían aprovechar que en el país centroeuropeo estaba de moda España como destino turístico después de la boda de su rey Balduino con la española Fabiola. León y Lucía trabajaron duro trayendo el agua del pozo San Miguel de Palomares, poniendo el alumbrando, abriendo las primeras calles del residencial y los primeros jardines y se construyó el restaurante Posada Real, el supermercado de Emilio y la piscina, una de las primeras de la comarca, esa que tanto envidiábamos los niños. Organizó su primera casa en el mismo apartamento piloto, donde hoy vive el delegado de Salud Juan de la Cruz Belmonte. En esa época, los residentes se conocían por el número de apartamento que habitaban: “Mira, por ahí va el 39” o “he quedado a tomar el café con el 44”.
Poco a poco fue adquiriendo vida Puerto Rey, el restaurante ganó fama cuando lo gerenció el hostelero Fernando Carmona y se organizaban torneos deportivos y bailes con orquestas en los jardines de la urbanización. Y con el tiempo se abrió en la playa el célebre chiringuito de Maruja y Paco Rifá, donde, en chanclas y bañador, tomaban platos de paella y jarras de sangría ministros, directores generales y mucha gente del Ibex 35.
En esos años iniciales, los residentes que vivían todo el año disponían de una escuela rural cercana en la que impartía clase doña Angela Cervantes Párraga, por cuyas aulas de Historia en el Instituto de Vera pasaron luego legiones de escolares. A Puerto Rey llegó también el cine con el rodaje de La Isla del Tesoro en 1972 y con Orson Welles con su loro y su mono, que se hospedó durante una semana en el chalet El Timón. El actor americano jugaba con Pablo, el hijo de León y Lucía, ahora batería de Los Puntos, antes de irse a filmar al Puerto de Garrucha y al Manacá de Mojácar, y a quien le regaló el mono que salía en la película. También Sancho Gracia filmó allí un capítulo de la serie Los Camioneros. También fue escenario de las Crisex, aquellas maniobras militares de artillería que atormentaban con sus disparos a los residentes, cuando el rey Borbón, hoy emérito, estaba aún en la cresta de la ola. Y también sufrió como nadie los días de fango y horror con las riadas de 1989 y de 2012. Y hubo residentes muy queridos y entrañables como José María Chico, Juan Sanz o Paco Pérez y jardineros como Antonio el Gitano y Manolo y camareros como El Blanquilla.
Todo eso fue y sigue siendo esa urbanización tan emblemática, tan misteriosa aún, cuyos primeros planos fueron dibujados por unos belgas a miles de kilómetros, en el corazón de la fría Europa. Ahora, se acaba de ir Lucía, la decana, la fundadora de ese oasis de la playa veratense, la eterna samaritana de miles de residentes que llegaban allí, a ese lugar de vacaciones donde ella supo construir un hogar.