Muere la segunda víctima de la explosión de gas del Miércoles Santo
Propietario del bar 'La Posada'

Luis Villar López.
La pasada madrugada del jueves sobre las seis de la mañana fallecía en la Unidad de la Cuidados Intensivos del hospital Virgen del Rocío de Sevilla, el hostelero Luis Villar López, de 57 años de edad, propietario del bar La Posada ubicado en la calle Conde Villamonte 57 donde la terrible explosión de gas se saldó con la muerte en el acto de un viandante y heridas otras dos personas de diferentes pronósticos.
Luis Villar afectado con numerosas quemaduras de primer y segundo grado en el setenta por ciento de la superficie corporal tras permanecen 25 días hospitalizado en este centro sevillano no ha podido superar la difícil situación por la que estaba pasando, efectuándole numerosos injertos de piel. Sus restos mortales serán trasladados hasta Almeria donde recibirán sepultura. La muerte de Luis Villar López, casado con Naty y con una hija, Marie, ha provocado una honda consternación en el gremio de la hostelería ya que era una persona muy conocida, tremendamente humana y cercana que contaban con el aprecio de sus compañeros y de todo el público que conocía su trayectoria profesional.
Nació en la barriada de la Almedina en el seno de una familia trabajadora y sus años de aprendizaje transcurrieron en el bar de Juanico “el de los caracoles” en la calle Almedina. Tras un cierto tiempo en este popular local del centro histórico, Luis trabajó también en el bar Lyon de la carretera de Málaga frente al antiguo Club de Mar y hasta que decidió trabajar por su cuenta y abrir el bar La Posada en la calle Conde Villamonte, durante esos años estuvo en el bar La Gloria de la calle Granada propiedad de Antonio Valverde Domínguez y en ese tiempo alternó con Joaquín López el manejo extraordinario de la plancha estando considerado como uno de los mejores “planchistas” existentes en este bar de época en Almería.
En La Posada, donde su hermano formaba parte de su equipo había logrado con total solvencia convertirse en uno de los mejores referentes donde mejor se fríe el pescado y marisco siendo algunas de sus tapas apetitosas cinco estrellas de su cocina. Su extensa carta con el toque esencial de Cristina reunía la cocina almeriense tradicional, migas, arroz y las clásicas populares como caracoles, manitas de cerdo, callos, ternera a la jardinera o carne con tomate sin olvidar su toque especial de plancha para la aguja, almejas, gallopedro o salmonetes auténticas piedras preciosas de nuestro Mediterráneo. Los que te conocimos lo hemos sentido bastante así como numerosos compañeros de profesión que han coincidido en señalarle como un profesional integro, honesto y siempre trabajando por su clientela.
Descansa en paz.