¿Vale Cosentino tanto como Unicaja?

Emilio Ruiz es editor de La Opinión de Almería

Instalaciones de Cosentino.
Instalaciones de Cosentino. La Voz
Emilio Ruiz
19:49 • 21 ene. 2023

El mercado continuo español cerró su sesión del viernes con una capitalización bursátil de Unicaja Banco superior a los 3.157 millones de euros. Es decir, si hubiéramos decidido en ese momento adquirir todas las acciones del banco –algo que en la práctica es imposible, porque no todas las acciones están a la venta-  hubiéramos tenido que poner encima de la mesa esa cantidad. Pues bien, esa es la cantidad, aproximadamente, en la que la familia Cosentino piensa valorar su empresa en el momento de poner a la venta una parte de sus acciones (en cualquier caso inferior al 50 % del capital social con el propósito de seguir manteniendo el control de la entidad).


¿Vale Cosentino tanto como Unicaja? ¿Vale Cosentino tanto como todo un señor banco como Unicaja? La pregunta no es fácil de responder. Como todo el mundo sabe, hay dos tipos de empresas: las cotizadas y las no cotizadas. El precio de las cotizadas es el que marca su valor bursátil en el momento que decidimos  adquirir una acción. Estimar el precio justo de una empresa no cotizada, como es el caso de Cosentino, no es una tarea sencilla. Y eso, sin entrar en la distinción de los conceptos precio y valor, que parecen sinónimos, pero exactamente no lo son. El valor aporta un mayor componente de subjetividad que el precio.


Una vez que la familia Martínez Cosentino ha decidido –o vaya a decidir- vender una parte de la empresa, la primera decisión que debe adoptar es precisar cuánto quiere por ella. Pero, ojo, que esto no es igual que si decidimos vender nuestro piso: ponemos el cartelito, pedimos un dinero y, hasta que no llegue alguien con ese dinero, el cartel no se quita. Una vez que la familia macaelense ha adoptado esa decisión su deseo número uno es cumplir satisfactoriamente con su propósito, es decir, que haya tanta demanda de acciones como las que se han puesto a la venta. Obviamente, si el precio es atractivo para los inversores, habrá demanda suficiente; si se han ‘pasado de rosca’ a la hora de valorar la empresa, el desinterés de los inversores frustrará el propósito de la familia. Y nadie, absolutamente nadie, desea que esta última situación se dé. Cuando una empresa se saca al parqué, total o parcialmente, el objetivo prioritario es ver la acción consumada. Es decir, ver cómo a los pocos minutos de hacer sonar la campana, la acción cotiza con normalidad en el mercado bursátil. A partir de ese instante, ya se tiene un “precio oficial” de la empresa, en este caso de Cosentino. El valor que marca su capitalización bursátil.



Volvamos a la pregunta inicial: ¿Vale Cosentino 3.000 millones? Pues esa es precisamente la labor que los actuales propietarios le han encomendado  a dos importantes multinacional como Goldman Sachs y JPMorgan, especialistas, entre otras cuestiones, en valoración de empresas. Los métodos que estas entidades utilizan para valorar una empresa son muy variados y complejos. Analizan minuciosamente  cada célula de la sociedad, como el valor contable,  las ventas, el valor de los beneficios, el valor de los dividendos y un sinfín de componentes.


Cuando el particular del piso al que hacíamos alusión antes decide su venta, lo primero que hace es preguntar al vecino de al lado o al de abajo por cuánto ha comprado el suyo. El precio estipulado por nosotros tiene que estar en consonancia con ese precio porque, si no, corremos el riesgo de que el cartelito permanezca indefinidamente en el balcón. En el caso de Cosentino, el empleo de un método similar es algo más complicado, pues no existen empresas ni en España ni en el resto del mundo con características medianamente similares, al ocuparse de un sector no muy estandarizado. Para su comparación con Cosentino, la prensa económica se está haciendo eco estos días de los casos de empresas como la multinacional israelí Caesar Stone o las también multinacionales WoodMark o MasterBrand, cuyos negocios son los denominados gabinetes de cocina. También hacen referencia a la china Zbom Home Collection, especializada en cocinas e interiores, la finladesa Harvia, especializada en saunas y spas interiores, la estadounidense Masco o la japonese Toto. Tomando estas referencias, el valor de Cosentino estaría en el entorno de los 2.500-3.000 millones.



Las cifras del fabricante almeriense de las encimeras Silestone y Dekton inducen a pensar que su salida a bolsa –independientemente del valor que finalmente se le asigne a la acción- va a resultar un éxito. El mercado inversor anda ávido de buenos proyectos empresariales, y Cosentino lo es. El pasado año, que es el último ejercicio económico cerrado, la empresa de Cantoria alcanzó una cifra neta de negocio de 1.402 millones de euros, lo que representa un crecimiento del 30% con respecto a los 1.078 millones del año anterior. Más del 90% de su facturación se realiza en el extranjero. EEUU y Canadá acaparan el 55% del total de las ventas. Su ebitda (que es el resultado antes de intereses, amortizaciones, impuestos y depreciaciones) se situó en el 20 %, en los 275 millones de euros. En el caso de Caeserstone, el ebitda fue del 7 % y la media del sector no supera el 13 %. La deuda neta de Cosentino fue el año pasado de 175 millones, casi un 14% por debajo que el año anterior. Su beneficio neto fue de 104 millones. Una valoración en 3.000 millones supondría un ebitda de 11 veces. La empresa almeriense se colocaría entre las 40 españolas con mayor capitalización.


Todas estas cifras indican que Cosentino es una firma apetecible para los inversores. La mayoría de las acciones que la familia pretende poner ahora a la venta, finalmente caerán en manos de los fondos de inversión. Pero también se presenta una oportunidad para que muchos almerienses ahorradores puedan tener entre sus bienes una porción de una entidad tan querida, cercana, respetada y nuestra como la que los hermanos Martínez Cosentino han logrado conformar.




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