El Empirismo. ¿Enemigo de la república?

Juan Martínez Fernández 09:00 • 23 sept. 2020

Es triste que el empirismo, base del Liberalismo y uno de los pilares fundamentales de la Ilustración, nacida en 1715 y cuyo final culmina con la Revolución Francesa, sin duda el movimiento político de mayor trascendencia de la historia de la humanidad, sea uno de los pensamientos que nos haga dudar – y con razón - de que la república, sea, a juzgar por la experiencia de este país, la mejor opción política de gobierno para España. Las dos veces ha acabado en una guerra civil. 


La teoría del Empirismo, prima el papel de la experiencia y la evidencia, en la adquisición de conocimiento que dé lugar a ideas de progreso, contrarias en su espíritu y naturaleza a la religión – que se basa en la fe – y, sobre todo, contrario a la tradición que, en esos momentos, significaba la monarquía absolutista con el apogeo de los Borbones en Francia. 


El Empirismo, que había tenido su máximo representante en John Locke y había influido de forma concluyente en Voltaire y Rousseau, pensadores y seguidores fundamentales  de la Ilustración, así como los revolucionarios que, a la sazón poblaban las colonias de América del Norte y que, totalmente inmersos en el mismo pensamiento, harían realidad la república de los EE UU; y, sobre todo, plasmarían sus ideas liberales en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y la Declaración de Derechos de 1689 que, aún perdura en su integridad. 


En España, en un momento en el que la monarquía está ocupada por quien ha sido, con seguridad, el más prestigioso monarca de la familia borbónica (Carlos III) está muy lejos de las tendencias liberales que propugnaba el Empirismo; y, en un pueblo cuyo analfabetismo sobrepasaba con creces el 60%, el pensamiento está dominado por los nobles que,  junto con la Iglesia, los únicos tenedores de la cultura que aún no han evolucionado hacia el liberalismo que surgirá en España hacia 1812 con “La Pepa”. 


Era esta una constitución adelantadísima a su época y a un nivel, sin duda, superior al de los EE UU, pero no había base para implantarla en España; y, de nuevo, terminó de una forma sangrienta con el fusilamiento de los liberales y los “Coloraos” (estos en Almería). 



Los Ilustrados españoles, de quienes su mayor mentor fue Gaspar Melchor de Jovellanos, no habían evolucionado aún hacia el liberalismo y no estaban por la labor de modificar de forma sustancial el orden social y político vigente.


La Revolución Francesa, había significado la destrucción total de un orden social y político vigente desde la Edad Antigua y se había creado desde las bases más humildes de la sociedad, una nueva estructura social, basada en la igualdad de derechos de todos los hombres; y eso, para la nobleza española que, no había progresado desde los Reyes Católicos, era una cuestión inaceptable que propugnaba por una modernización pero basada en la permanencia de los grupos privilegiados de la sociedad que formaban ellos y una incipiente burguesía que estaba asomando en las zonas industriales de Cataluña y el País Vasco. 

Los ilustrados españoles, estaban en el convencimiento de que “Estas luces y conocimientos para la sociedad, sólo pueden derivarse del estudio de las ciencias matemáticas, de la buena física, de la química y de la mineralogía; facultades que han enseñado a los hombres muchas verdades útiles, que han desterrado del mundo muchas preocupaciones perniciosas y a quienes la agricultura, las artes y el comercio de Europa deben los rápidos progresos que han hecho en este siglo. (Gaspar Melchor de Jovellanos 1.782)”. Es decir, llegar a un orden social más justo a través de la ciencia, pero eso, manteniendo los privilegios de unos pocos sobre los demás, era imposible de mantener en el tiempo. 


Ya solo cabían dos caminos: La libertad que propugnaba “la Pepa” o el absolutismo que representaba Fernando VII; como siempre, los españoles el pueblo más estulto y errado a la hora de elegir, eligió el desastre y se vio inmerso de nuevo en el absolutismo, y en la Inquisición. Alabando, permitiendo y propiciando el fusilamiento de los protagonistas del movimiento Liberal que significaba el progreso y la libertad social para los españoles. 

De ahí, fuimos dando tumbos, hasta 1873 proclamando una república, llena de personas honradas que se sintieron incapaces de seguir adelante y apenas duró catorce meses; reincidiendo en el error en 1931, proclamando de una forma irregular la segunda que, como todos sabemos, acabó en el mayor desastre de nuestra historia. 


Por eso, si el Empirismo, está considerado como la teoría filosófica que sobrepone el papel de la experiencia, la evidencia y el conocimiento personal sobre las demás razones; y constatamos que el Liberalismo es en estos momentos el mayor enemigo de este gobierno, la cuestión está muy clara; el Empirismo niega rotundamente que en la república esté el futuro de España.


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