Antonio Egea-Federico Castellón, historia de una pasión

Comenzaba el año 1971 a subir sus peldaños en una Almería que protagonizaba un típico y tópico reportaje en color del No-Do, en el que, al margen de cierto desconocimiento respecto a la nominación de algunos lugares de la provincia, se “vendía” con extrema generosidad las bondades de la tierra.” El sol de Almería –se decía- derrama sobre el mar, la tierra y las aguas una luz brillante que arranca desconocidos efectos sobre las playas, en la arena; una luz diáfana que alcanza un fulgor obsesionante sobre el paisaje..”. Un venturoso día de aquel primer año de la década de los setenta, en otro de los paisajes almerienses con vocación bíblica, en Vélez Rubio, un joven maestro en ciernes hojeaba una enciclopedia de arte cuando, llevado por su sensibilidad hacia las bellas artes, se detuvo ante la reproducción de la obra titulada “Figura oscura”, custodiada en el Museo Whitney de Arte Americano, en Nueva York, en cuyo pie rezaba “Pintura de la Escuela Surrealista de Nueva York. Autor: Federico Castellón (Alhabia), España”. La pintura, de clara influencia daliniana, ofrecía una estampa con unas caras difuminadas, ante una supuesta pared sostenida por unos brazos estilizados que sujetaban unos aros deformados bajo un cielo plomizo de espesos nubarrones, y en primer plano la negra silueta de una mujer con sus gruesas manos enlazadas sobre sus “aldas”.


Las pupilas del docente quedaron impresionadas, principalmente por la carga surrealista de la obra, por la evocación de la silueta femenina respecto a las mujeres de nuestros pueblos de entonces y, sobre todo, por la impensable sorpresa del origen de aquel talento de la pintura, del dibujo, la litografía y el grabado: Alhabia. Puro azar o hecho predestinado, lo cierto es que la madre de la novia de aquel inquieto maestro de escuela, Paca Morales, también era natural de este hermoso rincón del Medio Andarax. A partir de aquel momento, el nombre y la obra de aquel desconocido –para el descubridor-  Federico Castellón, se transformarían en la sombra inseparable del enseñante velezano, el pintor y grabador Antonio Egea Martínez, quien no dudó en requerir a su suegra cuanta información disponía acerca del universal artista bolillero, hasta tal punto que la informante, tal vez cansada de tanto interrogatorio, exclamó en más de una ocasión :”¡Hay que ver Antonio, qué obsesión tienes con el pintor¡”. Las gestiones no resultaron baldías y Paca Morales propició un encuentro de Antonio Egea con Antonio Castellón, uno de los hermanos del grabador alhabiero, una vez regresado a Almería. Además de este encuentro, siguieron otros con Elisa Molina, viuda de Raimundo, otro de los hermanos, y con su hija Elisa Castellón Molina.


En una de las tertulias indalianas a la que asistía con asiduidad el grabador de Chirivel, el desaparecido Jesús de Perceval informó del fallecimiento, en Nueva York, el 29 de julio de aquel lejano año de 1971, de Federico Castellón. Aquella muerte cerró las puertas al artista velezano para conocer personalmente a quien, como dijera su suegra, se había convertido en algo más que obsesión: en la pasión y admiración por el sobresaliente maestro. Tal imposibilidad incrementó el interés y devoción de Antonio Egea hacia Castellón, por lo que a raíz de la exposición “Federico Castellón, de Almería a Nueva York” -que acogió el Museo Arqueológico, en 2008, impulsada por galería Acanto y Elisa Castellón- el autor velezano se entregó en la consecución de una colección propia del aclamado grabador de Alhabia. Esta fabulosa colección “Egea-Segura”, con una treintena de obras, bajo el título  “Federico Castellón. El proceso de la obra gráfica”, se exhibirá a partir del próximo miércoles, día 15, en el claustro superior de la Escuela de Artes, donde se podrá contemplar la selecta muestra de las obras gráficas con los correspondientes dibujos preparatorios, litografías, grabados y otras piezas de los cuadernos de viajes de uno de los mejores grabadores y litógrafos del siglo XX, así como algunas fotografías inéditas del matrimonio Castellón- Greenfield, y un texto de Andy Castellón Manrique, único nieto del artista.


El maestro de Alhabia no estará sólo. El claustro de la planta baja de la Escuela acogerá una selección de la obra gráfica de Antonio Egea, artífice de esta relevante muestra artística, cuya presencia aportará un carácter didáctico y pedagógico sobre las claves de la técnica del grabado. 


Esta duplicidad expositora -en la que como acuñara Tapies “el arte es la filosofía que refleja un pensamiento”-,  tal vez represente la culminación y el fruto de una ardua, constante y paciente empresa que ha escrito con renglones de admiración, incluso de devoción, la historia de una pasión, la de Antonio Egea por Federico Castellón, dos nombres del Arte almeriense.


 

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